Despliega el menú
Deportes
Suscríbete

AEROMODELISMO

Volar pisando el suelo

El aeromodelismo de Zaragoza vivió su fiesta anual entre el temor al fuerte viento y las ganas de satisfacer al numeroso público de un deporte que quiere seguir ganando adeptos.

El cierzo no quiso perderse el día grande del aeromodelismo zaragozano. Tan contento se puso de dificultar el planeo de los aviones radiocontrolados, que fue subiendo de intensidad con el paso de los minutos. Los 20 kilómetros por hora iniciales acabaron aumentando a 30 con rachas -he aquí lo peor- que superaron los 40. Ése fue el principal problema al que tuvieron que hacer frente decenas de aeromodelistas en el Club Alas Aragonesas, donde ayer se celebró la segunda edición del Festival Fiestas del Pilar.

 

Atreverse a volar ante tales condiciones obligaba a una reflexión previa. Hacer despegar un aeromodelo implica poner en juego una notable cantidad de dinero y esfuerzo. Por eso, en el aeromodelismo -una de las múltiples disciplinas que abarca el mundo de la aviación- todos los detalles son importantes. Para empezar, nadie puede volar en una concentración de este tipo sin la autorización expresa del control de frecuencias, lo que en un aeropuerto equivale a las dependencias de control aéreo. En lugar de ordenar el tráfico, lo que aquí se busca es coordinar la asignación de frecuencias. "Cada participante recibe una unidad diferente de megahercios o gigahercios. De esta forma, evitamos que haya dos aeromodelistas emitiendo en la misma frecuencia. Si eso ocurre, se anularía la acción de los mandos con los que se pilota y los dos aviones caerían", explicaba José Ángel Lacruz, controlador de Alas Aragonesas.

 

El ritual se repite en cada evento, aunque no sea de competición. "Al ser una exhibición, el vuelo es libre. En los torneos se completan tablas, que suelen ser de acrobacias. Cuando compiten maquetas -réplicas reducidas de aviones tradicionales- se tiene en cuenta, también, la fidelidad con respecto al modelo real, así como la documentación que debe aportar cada participante", señalaba Lacruz.

 

El festival congregó a cientos de aficionados. Para agradecer su presencia, varios pilotos desafiaron al viento. Pudieron hacerlo los propietarios de los aeromodelos más pesados. A los ligeros no les quedó otro remedio que permanecer en tierra. "He realizado un vuelo, pero no me atrevo a volver a despegar", comentaba Jesús Bagüés, veterano aeromodelista. Aunque no desea+ presumir, su avión fue uno de los principales atractivos del festival. Se trata de la 'semimaqueta' -que imita en casi todo a un avión- de un Aero L-39 Albatros, reactor militar de fabricación checa. A Bagüés se le caía la baba enseñando las tripas de su aeromodelo: motor Jet Cat P-160, un peso en vuelo que se acerca a los 20 kilogramos, velocidad máxima de 300 kilómetros por hora, tren de aterrizaje retráctil, estrobos en las luces de navegación, 'flaps' de dos posiciones, frenos hidráulicos, GPS... "Acabo de terminar otro avión de turbina, con una envergadura de ocho metros", reconocía Bagüés.

 

En el aire, el protagonismo fue para los veleros. Estas aeronaves no poseen motor y vuelan aprovechando las corrientes de aire. Ayer, sus réplicas en miniatura también planearon, después de ser remolcados por un aeromodelo de hélice. También le retiraron los calzos al Corsario de Luis Peral, del Club Los Arcos. "Esta semimaqueta es completamente casera. Hacerla me ha llevado seis meses. Es casi igual al modelo que los americanos fabricaron durante la Segunda Guerra Mundial", admitía.

 

Menos verosímiles son las acrobacias 3D que ayer realizó Jonathan Nocito. "Denominamos así a los ejercicios acrobáticos que un avión normal no puede realizar", reconocía este miembro de Alas Aragonesas. Con su 'semimaqueta' de la Extra 330, Nocito realizó todo tipo de maniobras. "El viento ha deslucido el vuelo. Por ejemplo, no ha permitido que el humo artificial que expulsa este avión se quedase suspendido en el aire", apuntaba.

 

Al más joven de todos, David Garcés, le auguran un gran futuro en este deporte. A sus 13 años, este serrablés se ha convertido en todo un experto al mando de los helicópteros radiocontrolados. "Le dedico una hora diaria. Voy progresando paso a paso, pero no compito. También piloto aviones", decía. Mientras, uno de sus compañeros apostillaba: "Es un autodidacta, un artista capaz de haber aprendido a completar, entre otras cosas, un vuelo invertido con helicóptero sin apartente dificultad. Yo siempre digo que la diferencia entre los niños y los mayores está en el precio de sus juguetes".

Etiquetas