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Tercer Milenio

LA MUERTE DE TOLO

Tolo fue víctima del esfuerzo extremo

La doctora Nerín descarta el edema cerebral de Calafat, que no pudo descender por el agotamiento y la deshidratación.

Tolo Calafat, en el Mont Blanc.
Tolo fue víctima del esfuerzo extremo
EFE

Tolo Calafat se mantuvo lúcido hasta su última comunicación con el resto de expedicionarios. Estaba agotado, deshidratado y el intenso y venenoso frío de las paredes del Annapurna, el coloso del Himalaya que ostenta el mayor índice de peligrosidad, pudo con él. No sufrió, como se especuló inicialmente, ningún edema cerebral. Eso le habría impedido dar las coordenadas exactas de su posición, comunicarse con su familia, con sus compañeros; susurrar en la frecuencia de su 'walkie' que le fuesen a buscar.

El problema, según la opinión experta de los médicos, residió en el agotamiento después de una jornada extrema, en la que acumularon más de 20 horas de esfuerzo físico. "Tolo decía que no bajaba, le intentábamos convencer de que hiciera el esfuerzo, que fuera descendiendo, que allí era muy difícil que le rescataran, pero él decía que no, que estaba muy cansado, que no se tenía de pie, que subieran a buscarle", relataba la doctora María Antonia Nerín, del Hospital Universitario Clínico Lozano Blesa, desde el campo base del Annapurna para la página web 'Barrabes'.

Y, solo, bajo la luna llena, antes de que la nieve retornase, empezó la agonía, como recordaba Nerín: "Tolo tuvo agotamiento y deshidratación, lo que le provocó una hipopotasemia (muy bajos niveles de potasio), que es la responsable de la contracción muscular. Le empezamos a decir que tenía que bajar de ahí como fuera, pero él decía que estaba muy cansado. Entonces le dije que comiera y bebiera algo, que eso le repondría de la deshidratación, pero dijo que no le quedaba nada de comer ni de beber".

Tolo, inmóvil de cintura para abajo, resistió una noche. Después, abandonó la vida y se quedó para siempre en el Annapurna, como tantos otros. "Ha sido una muerte dulce, por frío, por deshidratación extrema y agotamiento total", sentenciaba la doctora Nerín. Los síntomas que padeció el himalayista nacen de las enormes dificultades que atraviesa cualquier ser humano al instalarse en grandes altitudes, allí donde el cuerpo se transforma. "A esa altitud (y también muy por debajo), la presión del oxígeno es menor. El organismo crea muchos más glóbulos rojos para poder transportar el oxígeno suficiente a las células. Para eso es muy importante la aclimatación", explica Ricardo Arregui, especialista en congelaciones del Hospital MAZ de Zaragoza.

Calafat, que junto a sus compañeros había pasado varias semanas aclimatándose, fue víctima del esfuerzo extremo que le llevó a lo más alto del Annapurna. "En estos casos confluyen muchos factores. La falta de potasio es uno de ellos. También la de calcio. Y el frío, la humedad... Posiblemente, la hipotermia le produjese un fallo cardíaco, lo que acabó con su vida. Normalmente, quienes escapan de la hipotermia moderada son los que acaban con congelaciones", añade Arregui. El cansancio y el frío se unieron en un tándem devastador. "Estar ahí arriba sabiendo que vas a morir no puede ser una muerte buena", resumía Sebastián Álvaro, creador de 'Al Filo de lo Imposible' y conocedor de los peligros de la alta montaña.

El último adiós

Mientras, muy lejos de donde quedó para siempre Tolo Calafat, le despidieron sus allegados en un emotivo funeral, celebrado ayer en la iglesia de la Santa Creu de Palma de Mallorca.

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