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CICLISMO

Una joya perdida por seis mil euros

El argentino Daniel Díaz se presentó en las filas del CAI-Club Ciclista Aragonés. Su reto era progresar en España. Pero el cuadro aragonés no pudo antender a su mantenimiento y fichó por el Baqué. Tras ocho triunfos, está en la agenda de los equipos profesionales.

Daniel Díaz.
Una joya perdida por seis mil euros
HERALDO

El equipo CAI-Club Ciclista Aragonés se presentaba a finales del mes de febrero pasado en el velódromo de Zaragoza con un equipo apañado: "Estoy convencido de que vamos a poder desarrollar un buen papel", decía su mánager, la referencia de los últimos años en el CAI, Luis Escribano. "Contamos -seguía el técnico de Tarazona- con un puñado de ciclistas de entidad, de clase, que pueden jugar un papel destacado. Y también hay corredores en fase de formación, que van a ir adquiriendo, poco a poco, peso en el equipo". Tal vez la apuesta más significativa del conjunto naranja era la de un argentino, Daniel Díaz. El CAI de esta campaña se alimenta de jóvenes valores locales como Lorenzo Buil o Félix Molina; y se apuntala con la incorporación de ciclistas de sólida proyección, con el andaluz Javier Chacón o el madrileño David Alfonso, además del argentino y del madrileño Miguel Gómez, que logró el primer triunfo del equipo aragonés.

Daniel Díaz llegaba a Zaragoza con un sólido aval. Tenía el respaldo de dos campeones olímpicos: Juan Curuchet y Walter Pérez, la pareja argentina que le privó de la medalla de oro en los Juegos de Pekín a Llaneras y Tauler. Los argentinos habían llevado a cabo la preparación previa a la cita olímpica en Zaragoza, a la vera de Luis Escribano y del CAI Club Ciclista Aragonés. Los ciclistas, con la indumentaria de la selección argentina, formaban parte del equipo y de la estrategia deportiva del CAI.

Así que cuando Curuchet y Walter Pérez recomendaron a Escribano a Daniel Díez, el director deportivo no lo dudó. E incorporó al argentino de Salta, en Mendoza, a su escuadra. Sin embargo, Díaz duró poco vestido del CAI. El conjunto aragonés, con un ajustadísimo presupuesto, recortado aún más esta campaña, era incapaz de atender las necesidades mínimas del corredor: en torno a seis mil euros a lo largo de la temporada.

"No pudimos cumplir con este requisito mínimo -explicaba Escribano- y, como es natural, se marchó en cuanto le surgió una oferta". Que no tardó. Le llamó el Café Baqué de Rubén Gorospe. Y desde su estreno en la formación de Durango, la apuesta del CAI no ha dejado de ganar. Ocho triunfos en apenas dos meses, entre ellas la Subida a Urraki, la Clásica de Legazpi o dos triunfos en la Vuelta a Navarra.

Su línea no ha pasado inadvertida a los equipos profesionales y ya hay formaciones que están dispuestas a hacerle hueco en sus filas a estas alturas, mediada la temporada. Y mientras, desde la barrera, los responsables deportivos del CAI observan la progresión de ese ciclista al que ellos quisieron dar la oportunidad. Y que se marchó por no haber sido capaces de afrontar el pago de seis mil euros, un millón de pesetas.

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