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PLA-ZA

Una isla en el Ebro

La plantilla y el técnico del Pla-Za preparan la promoción para evitar el descenso sin saber quién se va a hacer cargo del club.

La isla más cara del mundo es conocida por "Hat Island" (Isla del Sombrero), dado su peculiar formato. Tiene la reputación de ser la más deslumbrante, la mejor propiedad en todo el Pacífico Sur, y cuesta la friolera de 56 millones de euros. Una inmobiliaria española es la encargada de su venta. En Zaragoza también hay una que está de oferta. Se localiza en la piscina del Parque Deportivo Ebro y allí habitan ocho jugadores y un entrenador. El Pla-Za. Su junta directiva la saca a subasta y, por supuesto, es mucho más barata. El último presupuesto que han manejado sus rectores ha sido de unos 250.000 euros. El equipo lleva un mes preparando en la más absoluta soledad e indiferencia una promoción para seguir en la elite del waterpolo que puede que no sirva para nada. Vencer al Horta -actualmente es el segundo clasificado de la Primera División- a doble partido quizás sea un esfuerzo estéril porque, en estos momentos, no hay nadie, un ente real, dispuesto a colocarse al frente de un club que se quedará descabezado, y sin patrocinador, el 30 de junio.

Ramón Garriga, Ángel Ciutat, Juraj Sakac, Xavi Bisquert, Arturo Martínez, David Villarte, Fernando Mongrell y Juanjo Sanz son los únicos miembros del Pla-Za que entrenan en doble sesión a las órdenes de Ignacio Lobera. Ángel Andreo está concentrado con la selección absoluta en el CAR de Sant Cugat y los serbios Djordje Filipovic y Luka Mirkovic, con el combinado B de su país. La plantilla algo tiene claro: que en junio jugarán dos partidos. Luego, es posible que tengan que empezar a buscarse la vida. Por cierto, los encuentros para la salvación cambian de fechas. Las iniciales estaban fijadas para el 7 y 14, una vuelta en casa que coincide con la inauguración de la Expo. El entrenador y el delegado, Vicente Cañas, las únicas personas activas ahora en el club, han solicitado al Horta alterar el orden. Así, la ida se jugará en tierras catalanas el 4 y el que puede ser último partido del Pla-Za en la elite, el 7 en el Parque Deportivo Ebro.

En 2004, la junta directiva del Estadio Miralbueno El Olivar resolvió que no se hacía cargo de la gestión de su equipo de waterpolo en la máxima categoría e, incluso, se planteó renunciar a la plaza en División de Honor si no aparecía alguien dispuesto a dirigir un equipo que contaba con un potente patrocinador -la Plataforma Logística de Zaragoza- y con las ayudas institucionales garantizadas. Entonces, la junta al completo, con su presidente Manuel Hernández al frente, dio la cara en una rueda de prensa para la explicar los motivos de por qué tomaban esa decisión. Entonces, la mediación de la dirección general de Deporte, con Pedro García Villamayor al frente, y de la concejalía del área, que tutelaba Luis Pastor, fue decisiva para que el proyecto siguiera adelante.

Durante cuatro años, José Pajares, acompañado por Emilio Biel, Fernando Rausell, Valero Echegoyen y Augusto Ariño, han mantenido el club en la elite. Esta es la única virtud porque la junta nunca ha sabido gestionar el activo que ha tenido. Ni se ha profesionalizado la entidad ni se ha dado un salto de calidad deportivo. El sueño de un equipo "made in Aragón" se ha desvanecido porque el relevo generacional en este deporte se produce muy lentamente. Waterpolo Zaragoza no ha sabido apoyarse en los demás clubes de la ciudad, ni trabajar las tan necesarias categorías inferiores (también es cierto que, en algunos momentos, los directivos no han recibido el calor del mundo del waterpolo), que tan poca atención ha obtenido de la máxima instancia de la región, la Federación Aragonesa de Natación. Una indefinición que puede llevar a la desaparición del club.

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