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REAL ZARAGOZA

Un retiro en la Albufera

El Real Zaragoza llegó ayer al Parador Nacional de El Saler, lugar que será su bucólico cuartel general hasta mañana después de comer. Jugadores y técnicos se esmeran por hallar una buena sintonía que ayude al grupo a salir de la última posición de la tabla de inmediato.

Imagen de las instalaciones de El Saler, en una de las concentraciones llevadas a cabo allí por el Real Zaragoza.
Un retiro en la Albufera
OLIVER DUCH

Tres días va a vivir la plantilla del Real Zaragoza en el Parador Nacional de El Saler. Un lugar idílico, tranquilo, especial. Con el Mediterráneo enfrente de los balcones, con las dunas de esta parte salvaje de la costa levantina a pie de edificio. Con el Parque Natural de La Albufera a las espaldas dando color, olor y vista a una estancia llena de nervios y preocupaciones. Con el vasto campo de golf dando prestancia a un entorno de lujo.

No es la primera vez que el equipo aragonés utiliza este maravilloso paraje para templar su talante ante un partido vital. Desde los años ochenta, siempre que el destino ha querido que la cita sea en los alrededores de El Palmar (el pueblo de los pescadores de anguilas, los arrozales y las barracas) y la situación del equipo lo ha sugerido, el Real Zaragoza ha recalado aquí. En el Parador o en el vecino Hotel Sidi Saler.

En estas tierras fértiles de cañas y barro se preparó el asalto a la Liga con Rojo hace una década. O la final de Copa en el 93, aquella de Urío, contra el Madrid. O el partido crucial para intentar eludir el descenso en Villarreal hace 7 años. Es evidente que esto no es Lourdes ni Fátima, visto el repertorio citado y los resultados obtenidos. Pero también es verdad que El Saler es sinónimo de tener entre manos objetivos de altísima dificultad por parte de los diferentes 'zaragozas' que aquí han venido de ejercicios espirituales. Como ahora sucede, siempre que se han pisado estas arenas y estos pinares, la exigencia y la responsabilidad que han tenido sobre sí jugadores y entrenadores del equipo ha sido máxima.

Esta vez, al margen del lugar elegido, Gay pretende extraer del equipo la misma reacción que se produjo en enero cuando se llevó a la plantilla a Adeje (Tenerife) para afrontar aquella cita liguera crucial frente a los chicharreros en el inicio de la segunda vuelta del curso pasado. Gay puede presumir de que, su miniconcentración específica como técnico, funcionó y supuso el renacer del equipo y el inicio de su pequeño gran milagro, el de la salvación final de la categoría.

Esta vez va a ser más corta que aquella de Canarias, que duró seis días con sus seis noches. La cita copera de anteanoche en Sevilla ha evitado que fuera de más jornadas. Pero, tras conseguir el primer triunfo del curso en el campo del Betis -líder destacado de Segunda División-, el cuadro técnico zaragocista considera que los efectos de estas casi 72 horas a la vera de La Albufera valenciana pueden destilar los mismos efectos balsámicos y sanadores de lo ocurrido hace diez meses en las laderas del Teide.

Son horas de charlas, de compartir decenas de ratos a solas entre los futbolistas y los técnicos (esta vez, a diferencia de Tenerife, donde se presentó Agapito para supervisar todo lo que allí aconteció, el equipo está absolutamente solo, huérfano de jefes y ejecutivos de camisa blanca). El guión se basa en la convivencia, en la resintonía moral y personal de aquellos que, por mor de los malos resultados y las inevitables críticas, han visto decaer su autoestima peligrosamente en las últimas semanas.

Ayer estrenaron el magnífico césped del coqueto campo propio que posee el Parador. Los jugadores del Real Zaragoza, tras almorzar a las 14.00 y descansar un par de horas después de haber volado directamente desde Sevilla, llevaron a cabo una suave sesión preparatoria a más de 20 grados. Gay, Nayim y Solana dividieron el plantel en varios grupos. Los titulares en Sevilla corrieron un poco y se bañaron de cintura para abajo en la piscina contigua, con agua fría. El resto, salvo los porteros, trabajaron ejercicios tácticos de presión, toque y salida al contragolpe. Ander Herrera, Bertolo, Marco Pérez, Ponzio, Boutahar, Contini y el chaval José sudaron de lo lindo, acompañados por un exquisito Nayim al que solo le sobran una docena de kilos para seguir optando a la titularidad pese a su edad.

Entre el triunfo de Sevilla y las ganas que todos estan poniendo para que El Saler pueda ser el Adeje del ejercicio anterior, el ambiente parece más respirable. Si se gana mañana en Valencia, habrá que llevarse a casa un bote de agua de La Albufera. Será agua bendita para el Real Zaragoza. Al fin y al cabo, vencer en Mestalla hoy en día es cuestión propia de la milagrería.

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