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Deportes

CAI ZARAGOZA

Un paso más hacia la ACB (89-64)

Nadie se bañó en la plaza de España. Y nadie acudirá hoy a la Plaza del Pilar a menos que vaya a echar de comer a las palomas. Porque el CAI todavía no es campeón de manera oficial. Es campeón virtual, moral, oficioso, merecido y en espíritu. Es el gran campeón en todos los sentidos menos en el matemático. Pero eso da igual si llega en una semana, en dos o en tres. Lo importante es que llega seguro. Que el año que viene Zaragoza tendrá ACB. Que los políticos tendrán que estudiar cómo ampliar el Príncipe Felipe para convertirlo en el Madison Square Garden. O no cabrá la marea roja.

Antes de terminar el tercer cuarto ya se sabía que Bruesa había ganado y que se podía cantar de todo menos el alirón. Por entonces, incluso, el CAI no tenía el partido resuelto porque el Inca no había venido a ver cómo luce la primavera en Zaragoza o lo que impresiona este pabellón lleno.

El azar trajo a un técnico de casa al banquillo visitante. “Tranquilo, Abós”, le decía un aficionado cuando el marcador estaba igualado y el entrenador del Inca hacía vehementes indicaciones a sus hombres. Eso sí, sin perder la compostura, como si fuera el Pellegrini del baloncesto.

Pero luchar contra el CAI es hacerlo contra un alma indomable, ambiciosa, convencida y ensamblada. Es la definición del espíritu de equipo, aunque usar esta expresión signifique correr el riesgo de que el lector desconecte por su poca originalidad.

Un amante de las dinámicas de grupo haría una buena tesis analizando al equipo de Curro Segura durante un partido. No cabe mayor complicidad. Entre los buenos y los menos buenos. Entre los que juegan casi todo el partido y los que entran cuando está decidido. Entre el abuelo Higgins y el pipiolo Iván. Los de Argentina con el de las Islas Vírgenes. Ni una mala cara, siempre un gesto amigo. De principio a fin.

“La fuerza del CAI, por fin, reside en el grupo”. Es lo que vino a decir en la previa José Luis Abós. Es lo que nota la gente. Y por eso ya se atreven a cantar lo de “Este año sí”, sin miedo a que se gafe. Y a hacer la ola.

Al público hay que agradecerle muchísimo que apoye con su presencia. Vaya eso por delante. Tal vez, se le pueda pedir algo más de calor en ciertos momentos. Que no parezca que están pasando el día en un centro comercial, con ese leve murmullo de quien está con sus cosas. Ayer supieron ver que el partido no era fácil y se crecieron de la mano con el equipo. Hubo bronca a los colegiados, silbidos al rival, ovaciones de verdad para los rojillos. Hubo pasión compartida. Dieron y recibieron. Como tiene que ser.

Al final, la piña que formaron los jugadores, sus saltos, sus caras... reflejaban que ya se sienten de ACB. Eso sí, fieles a la doctrina del apóstol Segura, ninguno se atrevería a pronunciar la palabra prohibida (ascenso) hasta que sea un hecho consumado. Y si la dicen, que no les oiga Curro...

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