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Ros Casares 68-66 Mann Filter

Un aplauso a las guerreras

El Mann Filter volvió a rozar una gesta copera en Valencia, pero tiró 20 puntos de renta.

Lucila Pascua, en un momento del partido contra el Ros Casares.
Un aplauso a las guerreras
FEB

Pocas veces al concluir una rueda de prensa post-partido los allí presentes ofrecen una ovación como la que recibieron ayer Víctor Lapeña y Estela Royo. Ambos se llevaron los aplausos para un Mann Filter guerrero donde los haya, que rozó una nueva gesta copera en Valencia. Maniató al todopoderoso Ros Casares en su pabellón, lo tuvo totalmente noqueado durante tres cuartos y después de dominar hasta por veinte puntos, las zaragozanas dejaron escapar una oportunidad de oro en el último parcial. El miedo, su inexperiencia en citas de esta talla, ese punto que le falta para llegar a creerse y ser un ‘grande’, y la reacción final de las anfitrionas empujadas por su público tumbaron el sueño amarillo. A pesar de ello y del regusto tan amargo que deja esa dolorosa derrota, el aplauso a las aragonesas es merecidísimo. Por su lucha, por su entrega, por su fe y por la alegría que estuvieron a punto de darle a miles de aficionados al baloncesto femenino que ven cómo las competiciones puede que no sean sólo cosa de tres. Parece cuestión de tiempo y de algo de suerte que le sigue siendo esquiva a las chicas de Lapeña.

El partido se resume muy rápidamente, puesto que el Mann Filter dominó tres cuartos con una solvencia sorprendente. El técnico zaragozano explicó que durante ese tiempo sus jugadoras “bordaron” el planteamiento inicial. Jugaban ante un súper equipo como el Ros y a domicilio, pero eso no las puso nerviosas, al contrario.

El cuadro amarillo arrancó bien, con fuertes defensas y buscando sus opciones ofensivas primero en velocidad y si no era posible, al poste bajo. Y así fue tomando ventaja en el marcador. Henry cerraba bien el rebote y por el bando local Brunson era la única que anotaba. Ella aportó los diez primeros puntos de su equipo, pero el resto estaban maniatadas. Además, las zaragozanas eran capaces de forzar rápidas faltas a interiores como Anosike o Lima y el sueño parecía posible.

Sobre todo viendo la electricidad con la que dirigía Ouviña o el acierto de Kresovic desde la línea de tres que ponía un ilusionante 12-24 al finalizar el primer parcial.

La guerra era de todo el Mann Filter, que repartía los esfuerzos entre todas sus jugadoras, y la local Brunson. Pero mientras fuera ella sola todo iba bien. De hecho, cuando parecía que la americana iba a reducir la renta casi en exclusiva aparecían los puntos de Henry y los triples de Feaster para volver a ampliar la ventaja aragonesa. No había grietas y la defensa amarilla brillaba. La entrega de las chicas de Lapeña era soberbia y las ayudas atrás permitían continuos robos de balón.

Pronto se comenzó a creer en la gesta. Una canasta de Ouviña ponía al Filter 15 arriba, obligaba al entrenador valenciano a pedir tiempo muerto y hacía que la numerosa afición del Perfumerías Avenida de Salamanca se pusiera del lado de las zaragozanas. Si a eso se le añade la aparición de una gran Luci Pascua y los innumerables fallos en los libres del Ros, el 27-45 al descanso hacía justicia a lo que se veía sobre el parquet.

En el propio banquillo visitante ya se soñaba con un triunfo épico y las sonrisas y el compañerismo mostraban esa ilusión. Más si cabe al ponerse 20 arriba al poco de la reanudación.

Ya por aquel entonces el arbitraje cambió y al Mann Filter comenzaron a pitarle todo (cinco faltas a cero en dos minutos y la tercera de Henry). Menos mal que ahí estaba la veterana Pascua para seguir haciendo daño en la pintura. Sin embargo, en el tramo final de ese tercer cuarto ya se vio un detalle que cambiaría el partido: el Ros dominaba el rebote.

La renta de 20 fue a menos en las últimas posesiones del tercer cuarto y en un espectacular arranque del parcial definitivo de las locales. Aparecieron Douglas y Marta Fernández, y el público enloqueció cuando en apenas un minuto las valencianas se ponían a nueve puntos tras un par de robos. El miedo se apoderó de las amarillas y ni el tiempo muerto pedido por Lapeña las calmó.

El Mann Filter se puso nervioso, se atascó y el Ros se fue aproximando conforme caían los segundos. La tensión era máxima y no había remedio, ni rebote. Además, Feaster falló una canasta muy fácil y a minuto y medio del final las anfitrionas empataban el duelo. Entonces ya pintaba todo muy mal.

Y el Filter no supo jugar los ataques decisivos. Ouviña perdió un balón ante Vesela, yendo ya uno abajo en el electrónico, y las aragonesas se la jugaron a defender. Palau falló, pero incomprensiblemente cogió su propio rebote y ahí murió el partido. Una lástima, pero un aplauso para las guerreras. Esas que nos hicieron soñar.

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