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BALONCESTO FEMENINO

Un año para no sufrir

El Mann Filter se presentó ayer de forma oficial en un evento cargado de optimismo y energía positiva de cara a la nueva temporada en Liga Femenina.

Víctor Lapeña, en primer plano, sube al estrado junto al resto del equipo.
Un año para no sufrir
JOSÉ MIGUEL MARCO

"El nuevo Mann Filter". Esta fue la tarjeta con la que el máximo representante del baloncesto femenino en Aragón quiso presentarse ante los diferentes medios y aficionados. Un mensaje positivo, cargado de optimismo que busca restablecer la ilusión no sólo en el aficionado, sino, incluso, en el propio club. El pasado queda olvidado y, tras el acto de ayer, se abre una nueva temporada de manera oficial. Un año en el que, por fin, volver a disfrutar con el equipo, alejado de los sufrimientos existentes en las últimas campañas.

 

Estas directrices se engloban en las palabras que Fernando Fabra, presidente de la entidad, quiso dirigir ayer a los medios: "Este año el público que se acerque a ver los partidos al Siglo XXI se va a divertir, y no vamos a sufrir". El equipo amarillo cumple en esta temporada su décimo aniversario en la elite y, para celebrarlo, podrá disputar no sólo Liga Femenina, máxima competición doméstica, sino que también jugará en la FIBA Cup, segundo torneo continental y una jugosa oportunidad que desde el club prefieren tomarse como un regalo. "El objetivo del equipo debe ser la permanencia. Eso sí, todo aquello que venga más allá será bienvenido", reconocía la capitana Estela Royo, primera jugadora que certificó su continuidad en el proyecto, al que lleva ligada siete años.

 

Algo más optimista, el tono general que predominó durante la reunión, se quiso mostrar Cristina Ouviña. "Hay que aspirar siempre a lo máximo", afirmó la jugadora. Este verano, la base zaragozana ganó la medalla de plata en el Mundial sub 19, lo que ha hecho que el Mann Filter haga una fuerte apuesta por ella a pesar de su eminente juventud. "El club me ha dado un grandísimo 'punch' de confianza, lo que supone una gran responsabilidad", reconoció. No obstante, se mostró en todo momento "muy contenta" con su situación en el club para esta temporada.

Cambio de cara

Cuando el equipo descendió a Liga Femenina 2 al final de la pasada campaña en la cancha del Estudiantes, el club se quedó desierto. Ni jugadoras, ni cuerpo técnico, ni siquiera una estructura directiva. Todo eran incógnitas. Por ello, cuando llegó la noticia de que podrían participar un año más en la elite, el equipo se debió reconstruir sobre sí mismo.

 

Ha sido, por lo tanto, un verano intenso. En el que los primeros cambios se realizaron alejados del parqué, en los despachos. La incorporación de Sergio Alvarado (vocal), Chema Morales (tesorero y secretario) y Antonio Manero (director general y deportivo) llenaban de sabia nueva el cerebro de la entidad.

A partir de ahí se confió el banquillo a Víctor Lapeña, un hombre de la casa, y se llenó la plantilla de jugadoras con las que poder competir en Liga Femenina. A la espera de tener un curso más cercano a los años en los que la escuadra amarilla trataba de dar la sorpresa entre los grandes, llegó incluso a ser subcampeona de Copa en 2005.

 

Nuevas caras para trazar un nuevo rumbo. El que mantenga a las aragonesas, al menos, otros diez años más portando la bandera del baloncesto femenino.

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