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REAL ZARAGOZA

Traición a los valores y a la tradición

La gestión de Agapito Iglesias se ha caracterizado por su desatención al patrimonio deportivo-sentimental de la entidad, manchando la esencia zaragocista.

Fotografía tomada en 2007 de Los Magníficos junto a Christian Lapetra y Álvaro, nieto del Panocha.
Traición a los valores y a la tradición
OLIVER DUCH

La imparable decadencia del Trofeo Ciudad de Zaragoza-Memorial Carlos Lapetra no es un hecho aislado en la deriva que ha tomado el Real Zaragoza en los últimos años. A la ruina económica y la degradación futbolística, se ha unido un persistente desprecio por la historia y los valores de la entidad. Un sinfín de ejemplos, algunos anecdóticos y otros imperdonables, delatan la escasa sensibilidad por el patrimonio deportivo-sentimental, uno de los principales activos de cualquier institución.

La muerte de Eleuterio Santos propició uno de esos momentos tan poco edificantes. Pese a tratarse de uno de los mitos del club, la representación zaragocista que acudió al funeral que tuvo lugar en Tenerife quedó reducida a Luis Costa, Manolo Nieves y Antonio Longás, que entonces estaba cedido en el club canario. Ningún ejecutivo, desde el presidente Eduardo Bandrés hasta el máximo accionista Agapito Iglesias, creyeron conveniente acompañar a la familia del ex futbolista. Ni siquiera se invitó a asistir a los ex compañeros de Los Magníficos. La guinda negativa se produjo en La Romareda, en la previa del partido contra el Athletic, cuando el 'speaker' cambió el apellido del finado, Sánchez por Santos.

En otros sepelios, como el de Andrés Magallón, masajista blanquillo durante cuatro décadas, también hubo ausencias injustificables.

Estas malas formas afectaron al propio escudo. Agapito Iglesias decidió cambiarlo por el logo diseñado para el 75 aniversario sin hacerlo público ni dar ningún tipo de explicación a la afición.

La constitución del Consejo de Sabios integrado por ex jugadores fue una buena idea que languidece al haberse convertido en un mero objeto decorativo y sin impulso.

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