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REAL ZARAGOZA

Tenía que ser así

El Real Zaragoza dejó de ser el único equipo sin victorias. Con un guión de máxima intriga, obtuvo su primer éxito en un emocionantísimo final.

Lafita, Lanzaro y Braulio intentan sin éxito el remate en un centro al área del Mallorca.
Tenía que ser así
T. GALáN/APG

Con lágrimas en los ojos. Con llanto e hipo en muchos de los protagonistas del Real Zaragoza. Tumbados sobre el césped rumiando su emoción y soltando tanta rabia acumulada por la impotencia padecida durante dos meses y medio de competición. Con gritos histéricos de inmensa alegría al entrar en la caseta tras el partido y cerrar la puerta por dentro. Así acabó ayer el partido el equipo aragonés. Solo un guionista de culebrón puede ser el autor de tal final. Para mojar una docena de pañuelos. Para pellizcarse de incredulidad por lo logrado en 8 minutos de psicodelia (los últimos cuatro del tiempo reglamentado y los cuatro de añadido que decidió el árbitro).

El desenlace de la obra, todo lo que derivó en el éxtasis emocionado del zaragocismo a eso de las 7 de la tarde, vino de la mano de un paradigma perfecto de la épica. De eso que en el fútbol suele llamarse un imposible en la mayor parte de las ocasiones.

Era el minuto 86 y el equipo aragonés agonizaba. Perdía 1-2 y la afición ya mascullaba el décimo trago de aceite de ricino de la temporada. Este, con doble cucharada, por aquello de la persistencia temporal de los yerros y la insolvencia del equipo para superar a nadie. Gay, cabizbajo, vagaba por la banda llevándose tragado que este cuento se acababa para él. Había intentado cien modificaciones sobre la marcha. Había hecho los tres cambios. En el último, el público acababa de abroncarle por quitar a Lafita para sacar a Marco Pérez. Estaba en el punto de mira de mucha gente en la grada que ya tenía la hiel en la garganta esperando el pitido final.

Bertolo venía de enzarzarse en una tensa discusión con Gabi, pegaditos a la banda, junto al banquillo, por una pelota mal jugada que uno reprochó al otro. Nsue, en un mano a mano, pudo haber hecho el 1-3 de no ser porque Doblas, con el pecho de tabla, lo evitó en una salida a la desesperada. Cada contra del Mallorca, desde hacía rato, olía a puntilla y descabello mientras que los ataques zaragocistas eran un vagón de nervios derivados de las prisas y el olor a incienso que llevaba el ambiente. Braulio no daba una. El recién salido Pérez escuchó murmullos en tres de sus cuatro acciones en el área. Diogo no centraba un balón en condiciones. Ander Herrera no dibujaba un pase al hueco. Jorge López y Gabi, mucho menos... Todo era negrura y solo faltaban cuatro minutos y la propina.

Y ahí entró en juego el guionista. El mismo que el año pasado diseñó el capítulo de Tenerife. ¿Se acuerdan? Eso es. Aquella tarde canaria en la que Gay estaba con la extremaunción deportiva sobre su frente en el minuto 76. Perdiendo el partido por 1-0 en un día límite, ante un rival directo, y que, sin razones futbolísticas demasiado consistentes, vio como el equipo aragonés renacía de sus cenizas y, en apenas 6 minutos, lograba tres goles como tres soles y se imponía 1-3 contra todo pronóstico visto el discurrir del lance.

Lo de ayer fue del mismo corte, pero llevado a un grado mucho más extremo de emoción y visceralidad. El guión rompió con la dulce lluvia de buenas noticias para el zaragocismo cuando muchos ya se habían marchado a casa. El 2-2 del alborotado Bertolo llegó en una acción suelta a falta de menos de cuatro minutos para el final. La inmensa mayoría pensó que empatar el partido era ya para darse con un canto en los dientes en las circunstancias que se dieron ayer.

Pero no contaban con la astucia del guionista. Faltaba lo mejor. El Zaragoza debía ganar fuera de tiempo y de penalti. Con 140 pulsaciones en los corazones de quienes lo aman, lo viven y lo quieren ver vivo siempre. Y así fue. Por supuesto. Como dijo Laudrup en su leve queja sobre el árbitro, la pena máxima se produjo en una acción que sobrepasaba incluso los cuatro minutos de añadidura. El tiempo extra del tiempo extra. ¿Se puede pedir más para la primera victoria del atribulado Zaragoza de nuestros días? Lo de Tenerife fue un hito para la salvación. A ver si el guionista (buen amigo de Gay), este año también, sigue en su línea.

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