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REAL ZARAGOZA

Sobrevivir a diciembre

Contracrónica Javier Aguirre aún no le encuentra el pulso al Real Zaragoza. El equipo repitió todas sus limitaciones y evidenció su déficit de calidad ante un rival en estado preocupante. Con solo 9 puntos en 14 jornadas, el mercado de invierno se perfila como la única salvación.

Bertolo recibe un manotazo de Mbami.
Sobrevivir a diciembre
CARLOS BARBA/EFE

Pocos deberían dudar de que el estadio de los Juegos Mediterráneos acogió un pulso entre los dos equipos más débiles de toda la Primera División. Nada mejor que la clasificación de ambos para ratificarlo. Último y penúltimo. Malo y peor. Si el Zaragoza no le sacó una victoria al Almería, posiblemente no se la saque a nadie. La cosa no empezó mal. Sus primeros treinta minutos fueron una bonita exposición. Por momentos, pareció que Aguirre había tecleado las claves del equipo. Ante un Almería desnortado, partido por la mitad, penoso en el repliegue y el ordenamiento defensivo, el Real Zaragoza empujó con una autoridad inédita en la temporada.

Ganaba el área contraria con una pasmosa facilidad, con vuelo ligero y filo por los costados, en parte, gracias a la mayor autonomía que Aguirre le ha concedido a los laterales. Ni siquiera el fallo imperdonable de Goitom, que hizo lo más difícil, ponérsela entre los guantes a Leo Franco, inquietó al Zaragoza en ese primer tercio de partido. Esa solvencia contrastó con lo que vino después, que no fue otra cosa que el Zaragoza verdadero, el equipo que se consume irremediablemente camino de la perdición desde que comenzó la temporada.

De súbito, con la volatilidad de los equipos frágiles, el Real Zaragoza fue extraditado a su campo, sin salir de allí, acorralado por un rival que está para lo que está, que no es otra cosa que para empatarle el peor equipo de toda la Primera División. Desde ese punto, en torno a la media hora de juego, el Zaragoza expuso toda su mediocridad. Algo que ni se entrena ni se planea. Algo que se tiene o no se tiene. Volvió a manifestar toda su pobreza de talento, todas las limitaciones que lo convierten en uno de los peores Zaragoza de toda la historia, por plantilla y por números. En 14 jornadas, este equipo ha sumado 9 puntos. La cosecha es lamentable, una condena a los infiernos.

Ahora lo más razonable es esperar. Pidió Aguirre una tregua a su llegada, pero esa tregua no es otra cosa que un paso de hojas del calendario camino de enero. Toda esperanza que pueda generar este equipo reside en enero, en un giro drástico en la plantilla, en una nueva revolución que ponga en el equipo cosas básicas, unos mínimos de fútbol. Esto se traduce en un delantero sin pánico al área, en un mediocentro con piernas para correr y cerebro para organizar, en unos laterales, izquierdo y derecho, con ciertos conceptos sobre los modos defensivos, y en un portero que pare, que se imponga en el área, que no genere incertidumbre, que sepa que las pelotas del área pequeña son suyas, que impida que el futbolista más diminuto de toda la Primera División le cosa un gol de un cabezazo.

Si además de todo esto, enero y su mercado reponen algo más, sería bienvenido. Hasta entonces, el Zaragoza debe sobrevivir. Le faltan dos partidos antes de la pausa navideña y de que se levanten las persianas del mercado. Uno es a fondo perdido, ante el Real Madrid. Hay poco que perder y mucho que ganar. Después, el rival, la visita, será Osasuna. Mucho que perder y mucho que ganar. Cualquier aporte a la famélica cuenta de puntos será bueno. Todo se reduce ahora a una cuestión de supervivencia. Al Zaragoza no le queda otra que eso, que esperar a enero. Esta es la única bala que le queda al equipo.

Se repite la historia del año pasado, el mercado invernal es la vida. Un día de aquellos, Antonio Prieto, uno de los arquitectos de la pesadilla, dijo algo así como que era imposible hacerlo peor que el Zaragoza de los 12 puntos antes de Navidad, el Zaragoza de las 14 jornadas con Marcelino. Miren la tabla hoy. Comprueben y reformulen la pregunta: ¿Es posible hacerlo peor que Antonio Prieto (y Herrera) construyendo plantillas? Quizá no.

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