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RACING 2 - 0 REAL ZARAGOZA

Sin reacción

El Zaragoza, obligado a rectificar en Santander, volvió a ser un equipo pobre y sin ideas. La derrota deja ya a la formación de Gay en puestos de descenso.

Bertolo trata de superar a Kennedy, en el duelo de ayer en El Sardinero.
Sin reacción
EFE

El partido de ayer en Santander tenía miga, enjundia. Existía una convición envuelta de conjura de vestuario: era preciso romper de inmediato con esa imagen paupérrima ofrecida hace una semana en La Romareda ante el Málaga. Aquel asombroso 3-5 que maquillaba la ‘manita’ que arrastraba el equipo a la media hora de juego. La plantilla se había encargado de transmitir con claridad un mensaje contundente: la derrota ante la formación andaluza tenía caducidad. Principio y final. Nunca más volvería a ocurrir algo parecido.

Y bajo esa tesis debía arrancar el partido de ayer. El campo del Sardinero -un estadio amable para el Real Zaragoza y un rival en situación comprometida- ofrecía la oportunidad idónea para sacarse la espina.

Pero de forma incomprensible, el Real Zaragoza volvió a comportarse con parsimonia y vulgaridad, volvió a ser un equipo frágil y enclenque, nada parecido a ese que esperaba la afición blanquilla después del gravísimo varapalo de La Romareda.

El Zaragoza no jugó a nada. No tuvo ritmo, careció de intensidad -que es al menos lo que se le pide- y ofreció una imagen deslabazada, desordenada.

Tuvo enfrente a un Racing de Santander que al menos se mostró más ambicioso. Poco más, aunque aquello resultó suficiente. Los de Portugal suman sus primeros puntos a costa de un Real Zaragoza que cae ya, a las primeras de cambio, a los puestos de descenso. Y cuando, además, el calendario se presentaba favorable, ante rivales que debían haberle propulsado a posiciones de tranquilidad en la clasificación. Sobre el papel; no sobre el campo.

En el terreno de juego se ponen de relieve las dudas de un equipo que no carbura, que no funciona. Al que se le van de lado los pilares sobre los que se pretendía edificar y cuyas alternativas ofrecen todavía menos seguridad.

Es aún pronto para ponerse nervioso, pero al cuadro zaragocista le faltan colores y le sobran sombras. Este calendario acelerado le da una nueva oportunidad el miércoles, en el estadio de La Romareda, ante el Hércules. Se ha pasado el tiempo de las concesiones. Es obligado reaccionar.

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