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Tercer Milenio

REAL MADRID 84-65 CAI ZARAGOZA

Sin opción ante un líder relajado

El CAI repitió errores del pasado, como arrancar flojo y nervioso, y lo pagó ante un Real Madrid que jugó al 'tran-tran', pero que sentenció el duelo mucho antes del final. La defensa local atenazó a los rojillos que volvieron a quedarse en 65 puntos en un día en el que ganaron varios rivales directos.

Los jugadores caminan cabizbajos hacia el vestuario
Sin opción ante un líder relajado
ENRIQUE CIDONCHA

No hubo opción. Esta vez el CAI Zaragoza sucumbió y con total merecimiento en la cancha de un grande como el Real Madrid. Y eso que el nuevo líder en solitario de la ACB no se empleó a fondo, pero merced a su intensa defensa, a su calidad ofensiva y a que los rojillos repitieron errores del pasado, como salir a la cancha sin la concentración necesaria o encadenar numerosas pérdidas de balón, resolvió el encuentro mucho antes del final. De hecho, los últimos ocho minutos no sirvieron absolutamente de nada. Es cierto que este partido no era de la liga del CAI, pero conviene exponer que el equipo no fue ni de lejos el guerrero del Palau, que concedió muchas facilidades al rival, aunque su técnico José Luis Abós quedara satisfecho con la labor de sus hombres; que volvió a quedarse en 65 puntos al atascarse ante la intensidad defensiva blanca; y que conviene espabilar, puesto que en esta jornada han sido varios los rivales directos que vencieron sorprendentemente. Esta vez el CAI no tuvo ni una opción de dar otra sorpresa.

Jugando a ratos y con el miedo metido en el cuerpo de inicio poco se puede hacer ante todo un Real Madrid. Y es que el CAI saltó al parquet atenazado y, además se vio totalmente maniatado por la agresiva defensa local. Ni siquiera la ovación con la que la Caja Mágica recibió a su canterano Pablo Aguilar serenó los ánimos. Los de Abós casi se comen su primera posesión, Carlos Suárez mostraba nada más arrancar que haría daño a Barlow al poste bajo y mientras los nervios paralizaban a los rojillos el Madrid de Messina anotaba con mucha facilidad. De hecho, en menos de tres minutos de partido sus cinco titulares ya habían anotado. El 13-3 de partida se debía a que la defensa blanca ahogaba a los zaragozanos y la visitante era blandita. Rápido tiempo, a corregir errores y a calmar a los chicos, una mala costumbre que se repite una y otra vez.

Lo cierto es que esas charlas dan resultado, ya que el equipo se calmó, las ayudas aparecieron en defensa, sobre todo ante los 'treses' altos, y la desventaja disminuyó considerablemente. Tanto, que con el segundo triple del francotirador Toppert el CAI llegó a ponerse a uno nada más comenzar el segundo cuarto.

Sin embargo, el juego rojillo sigue siendo irregular y los arreones preceden a bajonazos incomprensibles. Es verdad que apareció Garbajosa con ocho puntos consecutivos, pero lo que los pivots aragoneses tuvieron con el gigantón D'or Fisher no era respeto, era miedo. Su intimidación cambió tiros en demasiadas ocasiones. El cuadro de Abós se había ido del partido y la renta blanca se iba a los 13 puntos. Otra vez a remar.

De no ser por el acierto exterior de Aguilar y algunos fallos locales el partido podía haber quedado sentenciado incluso antes del descanso, puesto que por aquel entonces Suárez ya sacaba los colores a Barlow por dentro y por fuera.

Un calco tras el descanso

El regreso a la cancha fue un calco del inicio del choque. El CAI no metía una y Abós tenía que pedir otro rápido tiempo muerto para frenar la sangría que ya ubicaba a los rojillos quince abajo. La intensidad defensiva de Miso y, especialmente la motivación y anotación tanto de Toppert como de un buen Darren Phillip salieron al rescate del equipo zaragozano.

Pero eso tampoco era suficiente. Primero, porque al CAI ayer le pitaron todo. Es increíble cómo protegen los colegiados a los grandes, cuando además no lo necesitan. Mientras a Chubb y Hettsheimeir les castigaban cualquier contacto con falta, en la otra zona los árbitros se fijaban más en los tres segundos de los rojillos. Incomprensible. Segundo, porque Carlos Suárez se dedicó a ayudar en el rebote en ambas canastas y demostró por qué fue el fichaje más sonado de este verano. Y tercero, porque se despertó el 'killer' Clay Tucker. Hacía tiempo que el americano no se iba hasta los 16 puntos y abanderaba los ataques del Real Madrid. Pero ayer lo hizo.

En el tercer cuarto el escolta impidió que los 'achuchones' rojillos redujeran la renta por debajo de siete y ya en el parcial definitivo resolvió el encuentro con sus tiros exteriores, algunos de ellos bien punteados por los zaragozanos.

Todo porque la irregularidad ofensiva del CAI comienza a preocupar. Sólo funciona a ráfagas y concederle otros tres minutos sin anotar al líder de la ACB es pecado mortal. El mencionado Tucker fue el verdugo con ocho puntos seguidos que sentenciaron la contienda, puesto que el Madrid se marchó 19 arriba con más de siete minutos por disputarse.

Ya se había acabado el duelo, pero para certificarlo ahí estaba Tomic, dueño y señor de la pintura, para poner la rúbrica con sus ganchos.

Cuando ya era momento de pensar en otra cosa es cuando llegaron la primera canasta de Quinteros en el partido, los minutos para el infrautilizado y muy querido Sergi Vidal, y los bostezos con un soporífero tramo final con todo resuelto.

Resultado lógico, pero el CAI no está en buena dinámica. Hay que cambiarla ya porque los rivales directos sí que suman.

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