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Deportes

RALLY ESTORIL-MARRAKECH

Sabor a victoria

Los hermanos Javier y Miguel Grasa culminaron el reto que se marcaron hace diez días: finalizar la prueba del Mundial de Rallys Todoterreno. Ayer, en Marrakech, brindaron por el éxito.

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Sabor a victoria
A. CORTÉS

"¡Bravo! Lo más duro ya ha pasado. A disfrutar", concluía la última página del último 'road book' de los pilotos. Sí, atrás han quedado ocho días de una competición, el Rally Vodafone Estoril-Portimao-Marrakech, que ayer premió en la ciudad imperial a sus héroes. Un total de 10 motos y 21 coches han sobrevivido a un raid apasionante, entre ellos los bravos hermanos Grasa, Javier y Miguel, que finalizaron la cita, tras recorrer más de 5.000 kilómetros, con sabor a victoria. El mejor trofeo que recibieron ayer, en la ceremonia de clausura, ondeando las banderas de Aragón y de España, fue el caluroso aplauso de los compañeros de carrera, protagonistas de una cita con aroma dakariano. "La experiencia ha sido muy positiva. Una carrera muy dura y bonita para cualquier piloto de raids. Esto es una maravilla, para repetir", coincidían en afirmar los deportistas, el único acento español en el evento. Emocionados, porque el reto que se habían marcado hace diez días se ha cumplido.

El Circuito Internacional de Marrakech fue el escenario del broche a ocho etapas vibrantes donde no han faltado ninguno de los ingredientes de aderezan estos campeonatos. Faltaba cumplir con el último sector selectivo, de 70 kilómetros, un bucle en las afueras de Marrakech. Tramos que alternaban pistas rápidas y sinuosas, colinas, zonas bacheadas y una pequeña ración de arena para recordar días pasados. A las ocho y media se puso en marcha el BMW del ruso Leonid Novitskiy, flamante campeón en coches (el portugués Hélder Rodrigues se llevó la gloria en motos). A las nueve avanzaba el Mitsubishi Montero de los Grasa, relegado al puesto 13 pese a haber llegado el día anterior el undécimo. De poco valieron las protestas. El promotor, Automóvil Club Portugal, y la FIA, que es la que al final pone las normas, decidieron 'beneficiar' a los portugueses Dinis Lucas (Mitsubishi Pajero) y Lino Carapeta (Bowler). Ambos acumulaban tres retiradas, más horas de penalización que el equipo aragonés. No ha sido la única jornada en la que ha ocurrido esto. Un pequeño lunar que no empañaba la eficiente organización de un evento que ha movido a más de 150 personas. "Lo importante es que estamos aquí, que nos lo hemos pasado muy bien, que el coche ha respondido a la perfección", valoraba Javier Grasa. El Mitsubishi puntuó ayer en el puesto decimoséptimo, vigesimo primero en la general, último. Pero la alegría fue aún más completa cuando el director de la prueba se acercó a los zaragozanos para comunicarles que sus quejas eran justificadas, que la lista final se alteraba y se aupaban a la posición 17. "Esto es más justo", decía Miguel Grasa abrazado a Ariel Jatón, el virtuoso de la mecánica.

A las doce apretaba el sol en el trazado de velocidad de Marrakech. El 'speaker' ultimaba el sonido antes de dar paso a la entrega de trofeos. La familia del Rally Estoril-Portimao-Marrakech se reunía por última vez. Los abrazos del adiós, las fotografías para el recuerdo, las conversaciones entre colegas para valorar un rally que ha satisfecho su hambre de aventura. "Teníamos ganas de quitarnos la espina del Dakar en Argentina, que la gente que apostó por nosotros entonces y nos apoyó ahora viera que podíamos rematar esta prueba del Mundial", señalaba Javier Grasa. El Casino de Estoril dio el banderazo de salida a la competición que se salvó con nota en tierras portuguesas. Aunque el segundo día (Portimao-Portimao) el depósito de gasoil diera el primer susto. "Fue una lástima porque las sensaciones eran buenas. Podríamos haber avanzado un poco más. Son los inconvenientes y las sorpresas, que no sabes cuándo van a surgir", evocaba el piloto.

Luego, África. La esencia de los grandes rallys: el peso sofocante del calor, pistas secas y pedregosas, grandes dunas, todo lo que se pueda pensar que esconde el entorno del Sahara. Depués de un fatigoso desplazamiento en barco hasta Nador desde Algeciras, primera toma de contacto con laberínticas pistas que alteraron la tranquilidad del equipo. Se impone el arte de 'navegar' por un espacio abierto, infinito, que levanta temores. Segundo abandono en la toma de contacto con África, la cuarta etapa, entre Nador y Er-Rachidia. "Lo importante es que la reacción fue buena, que aprendimos de los errores, y que en las tres etapas marroquís más duras, con una media de 330 kilómetros donde ha habido de todo -arena, piedras enormes, dunas, trialeras…- hemos certificado esa progresión", ampliaba Miguel Grasa, feliz en su estreno más exigente. "Una cosa es ser copiloto y otra, copiloto de raid. Ha sido un curso acelerado de formación. La experiencia es un grado y de esta sales doctorado", recalcaba.

A las dos, fiesta de despedida en el lujoso hotel Kenzi Club Agdal Medina. Tocaba felicitarse por los buenos momentos, brindar con los amigos por el final con sabor a victoria. Después, por la tarde, tiempo de deleitarse con el encanto de la ciudad roja de Marrakech.

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