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BALONCESTO

Ricky, el termómetro

Las actuaciones del base, claves para el equipo nacional.

Si los ojeadores de la NBA han prestado especial atención durante el Mundial de baloncesto de Turquía a Ricky Rubio se habrán llevado una decepción, porque el base, cuyo estado de ánimo es el termómetro del equipo español, no se está divirtiendo. En un momento del partido del jueves ante Canadá, Rubio se fue al banquillo tras una racha de desacierto: un mal pase, varios tiros errados... Sergio Scariolo, su técnico, dio la espalda al juego, se giro hacia él, se agachó. Palabras de ánimo, la mano sobre la desaliñada melena del jugador de 19 años. Para el base, de nariz aguileña, madurez prematura y mente preclara con la pelota en las manos, apenas hay diferencia entre una final y las apuestas que hace con sus compañeros al final de los entrenamientos para ver quién anota desde el centro del campo. Disfrute, diversión que no siente en Turquía. Los gestos de Rubio no engañan. Tampoco sus números. Ante Canadá, cuando anotó su único triple en cuatro intentos, miró al cielo como diciendo "por fin". Ese triple fue el primero en cinco partidos, en los que acumula una media de 26:46 minutos en cancha, un ínfimo nueve por ciento desde 6,25 metros y 41 por ciento en lanzamientos de dos. Pese a no ser un gran anotador, promedia sólo cinco puntos. En el lado positivo, su intensidad, que le ha permitido capturar 18 rebotes y dar 31 asistencias.

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