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FÓRMULA 1

Química en Ferrari

Los entrenamientos del miércoles ponen de relieve las posibilidades del español al mando del bólido rojo.

"Yo he entrenado aquí sin ninguna persona en la grada. Y cuando digo ninguna, no exagero. No había nadie. Cero". Sucedió hace nueve años y Pedro Martínez de la Rosa recordaba sin acritud aquel Jaguar semi-clandestino que rugía sin público en Valencia. Ahora está feliz porque su deporte bulle. Se ha vuelto a subir a la ola. La convocatoria en Cheste, el pasado miércoles, en día laborable en un país con cuatro millones de parados, depositó 36.400 personas en el circuito levantino para unos entrenamientos de Fórmula 1 a diez euros la tribuna y a cinco la grada. De la Rosa pertenece a una especie en peligro de extinción: la gente educada. Y no demuestra ni un poso de envidia o amargura porque el centro del universo ya no es él.

 

Fernando Alonso debutó con el Ferrari cual flautista de Hamelin. Durante muchos minutos de la fría mañana mediterránea, De la Rosa certificó la buena salud de su deporte. En la pista había siete coches, tres campeones del mundo, diez títulos individuales y tres españoles al comando de la tabla de tiempos.

La gente acudió a la llamada de Alonso en el Ferrari como los fieles al muecín. Desde primera hora, la A-3 deslizaba una fila de coches, procesión hacia la arteria que conduce al circuito de Cheste. El asturiano ya había llegado con la fresca a las nueve menos cuarto, "con ansia" según admitió, porque no quería esperar ni un minuto para probar el Ferrari F10.

 

El estado de bienestar que se grapó a su cuerpo desde que se enfundó el traje rojo Ferrari en Madonna di Campiglio no le ha abandonado. Transmite euforia desde la serenidad. Tanto que respondió a todo en una entrevista en el periódico italiano 'La Stampa'. Está pensando en sacarse el título de pilotos de avión, considera que el Rey es un "entusiasta del deporte", ve "capaz" a Zapatero, entiende que Obama es una "esperanza" y declara amor eterno a Ferrari: "No puedo garantizar resultados, pero deben saber que lo daré todo siempre. No pasará un día sin que piense en el equipo".

Máquina y oficio

Equipo. La palabra sagrada en Ferrari. La maquinaria de la escudería y el oficio del piloto se juntaron este miércoles en el asfalto. Y hubo química. Alonso y su coche se entienden. 127 vueltas al trazado, 508 kilómetros, la distancia entre Madrid y Sevilla sin un solo problema. Cuando se habla de Fórmula 1, tan importante como la velocidad es la fiabilidad. El Ferrari completó tres jornadas sin pega y siempre acabó primero: dos con Massa, una con Alonso. El plan funciona.

 

Francisco Camps, Carlos Sainz, Sergio García, la selección de hockey hierba, Amadeo Carboni... Aire de Gran Premio en Valencia, que se concretó en la multitudinaria rueda de prensa de Alonso: "No hay que hacer mucho caso a los tiempos porque no dejan de ser entrenamientos como los del Madrid o el Barça. Estoy contento con el rendimiento del coche".

 

"Ha sido emocionante -dijo-. He disfrutado. Es imposible saber si es un coche ganador porque la diferencia entre el primero y el cuarto será de una décima". El español mejoró los tiempos de Massa en tres décimas, aunque lejos de buscar protagonismo público, recordó el mensaje Ferrari: el equipo. "Los dos primeros días de Felipe me han resultado muy útiles. El coche tenía una buena puesta a punto y prácticamente no he tenido que tocar nada. El trabajo de Massa ha sido una gran ayuda".

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