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REAL ZARAGOZA

Que la nieve ardía...

El Real Zaragoza acomete hoy un reto de altísima dificultad como colista de la Liga: derrotar al gigante Barcelona. Gay modificará de nuevo su alineación, poblando el centro de campo para evitar el juego del campeón, que viene sin Xavi y sin Gaby Milito.

Edmilson, Contini y Lanzaro
Que la nieve ardía...
TONI GALáN/A PHOTO AGENCY

Al Real Zaragoza colista, inédito en las victorias, apurado en los argumentos y huidizo hacia delante en todas sus áreas (incluido desde ayer su entrenador) como les ocurre a todos los desesperados, hoy le llueve del cielo un compromiso de altísima dificultad contra el FC Barcelona. El megacampeón de los últimos tiempos. El aplastante equipo de la era moderna del fútbol español. El conjunto que aúna calidad, magia y solvencia en todos las líneas de su plantilla.

Casi nada. A priori, todo un imposible. Un reto difícilmente superable si solo se aplica el sentido común. Por eso, para abordar este partido tan desigual en sus prolegómenos, hay que acudir, desde el punto de vista de un zaragocista, a la locura. a la utopía, a los sueños.

Una copla jotera de honda raigambre ayuda notablemente a superar miedos y depresiones. Es un recurso autóctono legítimo en días como el de hoy. Una llamada al orgullo, al sentimiento, a la sangre. Una apelación a la historia y las costumbres de las gentes de estos lares. Para cada momento de la vida, una jota. Como hacían los abuelos y los bisabuelos.

Soñar que la nieve ardía define, en las circunstancias que concurren ahora mismo en los alrededores de La Romareda, lo que supondría ganar esta tarde al Barça. Y eso es lo que deben tener en su subconsciente los miles y miles de decepcionados zaragocistas que aún quieren creer que su equipo tiene salvación pese a tan penoso inicio liguero. Desde el alto Pirineo hasta el sur de Teruel. Desde las Cinco Villas y la Ribera Alta del Ebro hasta Caspe y el Bajo Cinca. Desde el Sobrarbe y la Ribagorza hasta el campo de Daroca y las Cuencas Mineras. Todos sueñan que su Zaragoza les quiera querer y les regale el primer triunfo del curso en un ambiente tan adverso, tan irrespirable por momentos.

Es la grandeza del fútbol. Aun en estado moribundo, con los óleos sagrados marcados en la frente del entrenador, de varios jugadores, del director deportivo, del secretario técnico y, sobre todo, del presidente y máximo accionista, el zaragocismo sueña con que esta tarde la nieve arda en La Romareda. O sea, que se dé el imposible.

Y se buscan lugares comunes que puedan justificar tal sentir. Al fin y al cabo, el Barça no está bien, se piensa. Pinchó en casa contra el Hércules (perdió 0-2) y contra el Mallorca (1-1), algo inusual en los últimos años de reinado culé. Y no marca las goleadas a las que nos tenía acostumbrados. Gana 1-0 y por los pelos. O por marcadores sin brillo en partidos opacos (el último partido contra el Copenhague danés del martes en la 'Champions League' -2-0- fue otro ejemplo de indefinición barcelonista del actual momento). Parece que los mundialistas están cansados, sin fuelle. Y Villa (nuestro añorado Guaje), su fichaje estrella, no las mete ni al arco iris. Palo va, palo viene; larguero va, larguero viene; balonazos a las piernas del portero rival o a las costillas del central que pasaba por ahí. Y Xavi no viene a Zaragoza. Guardiola le da descanso y nos hace un favor descomunal. Un quebradero de cabeza menos. Y Messi no es el de antaño. Guadianesco, desaparece más de lo debido y el Barça lo acusa...

En fin, que argumentos para pensar que este Real Zaragoza aturdido y desorientado, que cierra la tabla de Primera División tras siete partidos, está capacitado para doblar las rodillas del supercampeón no faltan si se escarba un poco en la actualidad. El problema mayor surge cuando se mira con detenimiento los fundamentos que porta en las alforjas el equipo de Gay desde hace semanas. ¿Cómo se va a hacer frente a un rival como el Barça si no surge de súbito una mejora global del Real Zaragoza que nos deje con la boca abierta? Ahí aparece el desasosiego.

Para que hoy quepa el milagro, la defensa ha de mejorar su rendimiento de cabo a rabo. Del saliente al poniente. Cambiar como de la noche al día. El centro del campo ha de crear un flujo de fútbol ofensivo como no se ve por aquí desde hace infinidad de meses. Han de combinar como si se tratase de una serie de dibujos animados. Y, por supuesto, alcanzar el nivel de intensidad defensiva que se exige a sus colegas de atrás. Por fin, los delanteros y sucedáneos de las bandas, han de mostrar un grado de clarividencia en las oportunidades que se creen que haga pellizcarse al graderío.

Eso es lo que el equipo blanquillo necesita ejecutar hoy bajo la batuta del maestro Gay para tumbar al Barcelona como se hacía con cierto hábito en La Romareda en tiempos pretéritos no muy lejanos. Alcanzar ese nivel mínimo necesario para que un colista tan colista como el actual Real Zaragoza supere al gran Barça, por muy descafeinado que esté, es la clave.

Da igual quién juegue y cómo diga Gay que hay que disponer la pizarra. Vuelvan al once Obradovic, Jarosik, Edmilson y Lafita o no. Se juegue con tres centrales por primera vez (ensayado está) o se haga con un 4-1-4-1 llenando de centrocampistas la línea medular. Lo importante es lograr que esta tarde la nieve arda en La Romareda. Quizá el problema de esta parábola tan aragonesa es que muchos de los protagonistas del actual Real Zaragoza necesiten interpretación externa. Incluidos casi todos los de los despachos. Ya saben. Alto el Pirineo.

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