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FÓRMULA 1

Problemas en el F10

Fernando Alonso, durante su actuación ayer en Montmeló
Problemas en el F10
EFE

Venía la pretemporada de la Fórmula 1 envuelta en fuegos artificiales, muy a propósito del espíritu urbano, adolescente y consumidor de web que ha calado en el aficionado. Fernando Alonso, a bordo de un Ferrari incontenible, punta de lanza de un curso proyectado sobre las emociones fuertes: tres españoles en liza, el regreso de Michael Schumacher, cuatro campeones del mundo en el semáforo rojo de Bahrein (14 de marzo). En Montmeló se citaron todas las escuderías para medirse en el kilómetro cero, el último viaje de los entrenamientos oficiales. Y la realidad dio un bocado a la abundancia. El Ferrari no es infalible. Ayer se paró y Alonso tuvo que bajarse del coche.

 

Cuando el Samur acude a rescatar a un monoplaza varado, el primer impulso es común a todos los equipos. Echar la lona, tapar el agujero. Que no se vea, que nadie retrate el dolor de un ultra-vanguardista coche de Fórmula 1 carcomido por una válvula.

 

Se detuvo el Ferrari de Alonso en una curva y la explicación oficial fue de las de manual: problema electrónico en el soporte motor. Sin más comentarios, sin añadidos. Sucedió eso y punto.

 

A algo más de quince días del comienzo del Mundial, el F10 se ha colocado con los pies en el suelo. Ni es tan abrumador como se perfiló en la exuberante presentación de Alonso en Valencia ni, mucho menos, tan fatídico como refleja el séptimo puesto del asturiano ayer.

 

Hay dos divisiones en este arranque de campaña: la Premier, con Ferrari, McLaren, Red Bull y Mercedes; y el pelotón perseguidor, con los demás (Williams, Sauber, Toro Rosso...). Cuestión de presupuesto y de medios. Siempre la chequera por delante. "Prefiero ser cauto en las predicciones -dice Pedro de la Rosa-. No estamos tan lejos de los cuatro mejores".

 

Webber marcó el mejor tiempo, seguido por Hulkenberg, Rosberg, De la Rosa, Button, Liuzzi y Fernando Alonso. Y cuentan por el 'paddock' que los de la Primera División se dedican a esconder sus bazas aerodinámicas, que los pequeños apéndices (como la aleta de tiburón que probó Alonso sin gran éxito) son pecata minuta comparada los secretos que esconden en torno a la influencia del doble difusor. Y que la madre del cordero reside en los kilos que porta el coche provocados por el consumo de gasolina. "Habrá algún ordenador que falle y algún coche que no llegue a la meta", se escucha.

 

La interpretación de los tiempos en la pretemporada coincide con los puntos de vista de cualquier proceso electoral. Todos ganan, nadie admite que pierde. Y cualquier evaluación se realiza en función de la dirección del viento, si sopla o no favor. El vencedor dice que todo va fenomenal, el que no gana, cuenta que conviene relativizar la tabla de resultados. Alonso, que también participa de este tipo de elucubraciones, deslizó ayer una frase resolutiva: "No fue un día perfecto, pero al menos ha sido útil por la gran cantidad de datos que hemos almacenado".

 

Sorprendió ayer la gran afluencia de público desde primera hora de la mañana. La presencia de Alonso, Algersuari y De la Rosa, que volverán a rodar hoy-, contribuyó decisivamente a ello.

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