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Deportes

REAL ZARAGOZA 1 - VALLADOLID 2

Primer aviso

El Real Zaragoza cae derrotado por 1-2 ante el Valladolid, un equipo de su liga. Aún no hay respuesta para los graves problemas de la defensa

Imagen del encuentro
Primer aviso
EFE

Esquivar la realidad es por el momento un ejercicio imposible en el fútbol. Siempre termina por presentarse. Acude a la búsqueda de cada cual de manera indefectible, hagas lo que hagas o digas lo que digas. Es machacona e insistente. También es insobornable. No acepta regalos ni cumplidos. Rehúye el dinero. Acaso sólo acepta que se la afronte de frente. Si no, te castiga. Algún día concreto se le puede hacer un quiebro de factura más o menos vistosa; pero acaba por situarse delante de ti, para decirte quién eres. Ayer, el fútbol expuesto por el Valladolid en La Romareda nos recordó que el Real Zaragoza del presente es un recién ascendido de la Segunda División, no el Zaragoza de antaño, y que las deficiencias que se deben corregir en el equipo todavía son unas cuantas, unas de orden individual y otras de naturaleza colectiva. El Valladolid nos dijo, asimismo, que el bloque aragonés regresó a Primera el pasado mes de junio, cosa que se sabía, y que a finales de septiembre aún le faltan algunos argumentos, aspecto que se presumía. La derrota ante el conjunto castellano fue tanto un resultado adverso como un primer aviso de algo, materia indeterminada sobre cuyo contenido caben variadas interpretaciones.

Una pista la pudieron dar Gerhard Poschner, director general, y Antonio Prieto, director deportivo. Ambos se quedaron abatidos en el palco al término del partido. Los dos entienden el lenguaje menos evidente del fútbol y los dos leyeron los mensajes de fondo que dejó el encuentro. Otro indicio de lo que puede venir en adelante lo dejó un consejero, Fernando Zamora, quien no acertaba a levantarse de su butaca. De alguna manera, se había cargado sobre sus hombros un peso que le impedía erguirse y salir del estadio, ya casi vacío por completo. La afición, soberana y paciente, sufridora y siempre respetuosa con el equipo y Marcelino, también dejó flotando en el aire tibio de la tarde su modo de entender el partido presenciado. Abandonó La Romareda contrariada y enfadada, mayormente molesta con la insuficiencia propia, por haber caído ante un Valladolid que tiene en sus filas el contenido justo, el mínimo indispensable. Ni siquiera para eso le alcanzó al Zaragoza en la tarde de ayer.

Es posible que en descarga de lo sucedido haya que alegar circunstancias sobrevenidas, sea la grave lesión de Uche o la convocatoria de Ander Herrera y Víctor Laguardia con la selección española sub-20. Quizá hubieran sido las cosas distintas con ellos. Quizá sean diferentes cuando se incorporen al juego del equipo Ángel Lafita y Ewerthon. A bote pronto, sin más análisis, se intuye que cualquiera de los dos, en una tarde de mediana inspiración, son capaces de doblegar con su sola aportación individual al Valladolid o a cualquiera de los equipos que suelen habitar en esa zona de la tabla clasificatoria de la Primera. Marcelino, en cualquier caso, no quiso refugiarse en este tipo de consideraciones, en un gesto que le honra. Como siempre, fiel a su estilo, trata de ir de frente. Sin embargo, también es preciso apuntar que espera refuerzos. Confía en que al menos pueda contar con un lateral derecho de verdad, con el fin de no verse abocado a desplazar a Leo Ponzio a la defensa y de adoptar más soluciones de coyuntura que las vistas. El tiempo dirá.

Por el momento, las carencias de estructura se han hecho mayores. A las lagunas de la derecha y del centro de la defensa se han añadido las que presentó la banda izquierda, dominada por los balcánicos Babic y Obradovic. Su estancia en el campo se convirtió en una especie de invitación al pase usted por donde quiera. Mendilíbar vio la alfombra roja y mandó a sus hombres que por ahí fueran una y otra vez. A Sisi le saludaron, le dieron las buenas tardes y lo dejaron en franca paz. Durante el primer cuarto de hora de partido, ese agujero fue un escándalo. Únicamente la falta de acierto de los hombres de vanguardia del Valladolid evitó el desastre con todo el tiempo de la contienda aún por transcurrir. Allí, en la defensa, es donde se halla el talón de Aquiles de este Zaragoza. Se veía venir el problema desde los encuentros de pretemporada y aquí están, con la competición de Liga en marcha. Carrizo, que tuvo unos inicios de campaña aceptables, ofreció ayer otra versión, en este caso preocupante.

Si no se acude pronto a taponar los boquetes que se abren en la muralla defensiva, se corre el riesgo de que el año se complique desde el principio. Jugó a favor de los intereses del Zaragoza el sorteo del calendario de Liga y éste es un factor favorable que comienza a diluirse. Sin defensa no hay nada de qué hablar con posterioridad. Es indiferente que Pennant sea un futbolista interesante, que Arizmendi rinda donde se le sitúe, que Jorge López vea puerta o que Abel Aguilar y Gabi implanten un gobierno intrascendente en el centro del campo o con algo de sustancia. Se flaquea por lo más básico, por lo más elemental del fútbol, un componente sin el cual los demás se hacen inútiles en una consideración global. La simple permanencia en Primera División exige de mayor contenido que el presenciado ante el Valladolid. Ésta es la realidad, la dura realidad.

Ficha técnica:

1 - R. Zaragoza: Carrizo; Ponzio, Ayala, Pavón, Obradovic (Kevin Lacruz, min.87); Pennant, Gabi, Abel Aguilar (Paredes, min.76), Babic (Songo'o, min.59); Jorge López y Arizmendi.

2 - R. Valladolid: Jacobo; Pedro López, César Arzo, Luis Prieto, Nivaldo; Borja (Pelé, min.65), Alvaro Rubio; Sisi, Canobbio (Jonathan Sesma, min.81), Marquitos (Héctor Font, min.69); y Diego Costa.

Goles: 0-1. min.3. Marquitos; 1-1. min.27. Jorge López; 1-2. min.57. Sisi.

Arbitro: Ramírez Domínguez, del C. Andaluz. Amonestó con tarjeta amarilla a César Arzo y Diego Costa, del Valladolid.

Incidencias: partido disputado en el estadio de La Romareda de Zaragoza ante unos 22.000 espectadores. En la salida al césped los jugadores del equipo aragonés portaron una camiseta que decía "Animo Uche" para dar ánimo al jugador nigeriano que recientemente sufrió una rotura de ligamentos en una rodilla.

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