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Deportes

SELECCIÓN ESPAÑOLA

Potchefstroom saluda a España

Tras 10 horas de vuelo, la selección española llegó ayer a Sudáfrica, donde tuvo una afectuoso recibimiento.

Potchefstroom saluda a España
Potchefstroom saluda a España

Una marea de banderas y camisetas rojas y amarillas invadió ayer la pequeña ciudad de Potchefstroom para recibir a la selección española, el último equipo en poner pie en suelo sudafricano, el mismo día del inicio del Mundial. "Es emocionante que estén aquí", comentó Stewart, un aficionado que llevaba a su hijo Hayden, de tres años, sobre los hombros, mientras ambos -armados con sendas banderas españolas- esperaban la llegada de la Roja a la entrada del complejo universitario donde se alojará la campeona de Europa durante las próximas semanas.

Bien envuelto en su chaqueta polar para protegerse del frío viento que soplaba en la soleada mañana del viernes en Potchefstroom, a unos 120 kilómetros al sudoeste de Johannesburgo, aseguraba: "Soy inglés, pero llevo viviendo mucho tiempo en Sudáfrica y apoyo a España más que a Inglaterra. Me gusta más su juego". Stewart montaba guardia a la entrada del North West University Sport Village, junto a otras decenas de personas, que mezclaban las camisetas rojas de España con las amarillas de los 'Bafana Bafana'.

Los jugadores españoles, los últimos en aterrizar en Sudáfrica, llegaron a Johannesburgo a primera hora de la mañana, antes de tomar un avión que les llevó hasta su campo base, donde fueron recibidos con una pequeña ceremonia de bienvenida, presidida por el alcalde de Potchefstroom, Andrew John Maphetle. "El pueblo me dice que son vuestros hermanos y que vosotros sois sus hermanos", dijo Maphetle a los futbolistas de 'La Roja'. Luego intervino un chamán que, vestido con pieles, realizó una invocación.

El 'brujo' dio paso a una danza tribal realizada por un grupo de jóvenes bajo la divertida mirada de los jugadores. Sentado entre Casillas y Puyol, Xavi Hernández hacía algunos comentarios al portero, mientras el grupo de baile fue sustituido por unos niños, calzados con unas botas de goma a rayas negras y blancas, con las que realizaron un pequeño número de percusión golpeando las mismas con sus manos y dando palmas. La ceremonia finalizó con otro baile al son de las marimbas, un instrumento local parecido a un xilofón, tras el cual los jugadores se retiraron a sus habitaciones del 'sport village'.

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