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REAL ZARAGOZA

Pecado de complacencia

El Zaragoza fue víctima de su propia comodidad en el partido. Su falta de intenciones para cerrar la victoria y dos acciones puntuales, un golazo y un error defensivo letal, lo acercan a la zona crítica.

El centrocampista del Hércules Francisco Javier Farinós celebra, con razón, su tremendo gol.
Pecado de complacencia
MANUEL LORENZO/EFE

Al cuarto minuto, el partido estaba tal y como mejor le sentaba a la pizarra del Real Zaragoza. Comba teledirigida de Boutahar, balón peinado por Braulio, gol y ventaja. Ese viento de cara, tan madrugador e inopinado, soplaba perfecto en el manual de Aguirre. Si el estilo abrigado y percutor del Zaragoza encaja en un guión ideal es este, con un gol favorable cuando el partido aún se despereza. El duelo se puso llano y apacible, quizá demasiado, porque, a la larga, ese tanto de Braulio fue la trampa mortal del Real Zaragoza, un arma de doble filo.

Solía repetir el legendario entrenador británico Sir Bobby Robson que los primeros 90 minutos de los partidos son los más importantes. El Zaragoza se tomó el tramo que va desde el gol de Braulio al misil de Farinós, unos 76 minutos, como si el tiempo fuera polvo. Nada más debía ocurrir entre el gol de Braulio y el silbido final de Velasco Carballo.

Ese conformismo le condujo a una espiral vacía de juego, pasando por el partido con el sudor justo que le exigía el rival. Esa confianza en el adversario y consigo mismo le resultó letal al Real Zaragoza. El Hércules apenas inquietaba, fruto del sostén construido por Aguirre en torno a la figura de Ponzio y los dos centrales. El sistema de contención funcionaba y Braulio agitaba el ataque. Faltaba la profundidad del suplente Bertolo para que el guión cuajara del todo.

Conforme cayeron los minutos, el Zaragoza se reposó en el césped. Esa comodidad desactivó el sentido de la ambición de los de Aguirre. El Zaragoza apenas apuntó intenciones para cerrar la victoria. Perdió la pelota y se hizo conservador. No asesinó el resultado cuando había fútbol para hacerlo. Jugó con el tiempo, con su seguridad propia, con la inconclusa amenaza del Hércules... El partido era un colchón al que le salieron clavos cuando menos se esperaba. Aguirre metió a N'Daw para darle robustez al equipo, ya andaba por el campo Sinama en busca de algo parecido a la victoria que se sacó de la bota en Málaga, y Bertolo anunciaba desde la izquierda la voluntad de Aguirre de matar el partido en un galope u otro. Pero aquello no pasó.

El Zaragoza, pese a perder el balón, apenas sufrió apuros. Su orden le concedía ciertos desahogos. Hasta que se alcanzó el minuto 80 y al colchón le salieron los clavos. En ese punto, el partido se salió del patrón establecido por el Zaragoza y quedó determinado por las cuestiones puntuales. Fue el tiempo de los actores protagonistas. En medio de la relajada conformidad del Zaragoza con el curso del partido, apareció el lanzacohetes de Farinós. A goles como el suyo hay que encontrarles pocas razones que no sean la precisión y el mérito del golpeador. Para muchos es una forma de azar. Mirándolo así, la fortuna se le escapó a Ander Herrera un par de minutos antes en un disparo territorialmente similar al de Farinós. Mirándolo del otro modo, no.

A Farinós le cayó el destino en la bota en esos 10 minutos finales tan venenosos para el Zaragoza, que pagaba caro su confort. Bombeó una pelota y la defensa aragonesa, bien precintada durante la tarde, cortocircuitó de modo estruendoso. Contini reculó en lugar de hacer la raya con la defensa y Jarosik, ingenuo, perdió la marca de Trezeguet y se tragó la pelota. El reparto de culpas es complicado. Aunque el foco puesto sobre Trezeguet y su gol condena al checo.

El Zaragoza no jugó para perder, pero tampoco para ganar. Su complacencia fue castigada con dureza. Esa es la lección que deja el revolcón repentino de ayer. Vuelve ahora a la cercanía máxima de la zona crítica, donde no valen los pecados de confianza ni la serenidad. Todo lo envuelve la tensión. Bajo esa atmósfera, el Zaragoza ya ha respondido. Quizá la exigencia extrema sea su mejor vitamina.

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