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CAI ZARAGOZA, 88 - LA LAGUNA, 86

Otro milagro en el Príncipe Felipe

El Príncipe Felipe vivió ayer un nuevo milagro esta temporada, con el tercer triunfo del CAI en la prórroga. Pero esta vez tuvo tintes épicos, puesto que a falta de tres minutos para el final los rojillos perdían por diez y fueron capaces, gracias a un espectacular Paolo Quinteros en el tramo final, de forzar el tiempo extra y de crecerse para vencer a un rival directo de la zona alta como el Ciudad de La Laguna. El juego no fue ni de lejos el de Menorca, y el duelo por momentos parecía un correcalles en el patio de un colegio, pero el cuadro aragonés supo sacar su carácter justo a tiempo y quitarse de encima una espesura ofensiva que le atenazó durante casi todo el partido. Ni siquiera eso frenó a un bloque que caminacon un rumbo fijo, el del liderato al que se sigue aferrando un Melilla que ayer volvió a ganar fácil en casa ante el Cáceres.

Todo arrancó con un espectacular acierto canario. La Laguna producía en cada ataque mientras Quinteros se estrellaba una y otra vez con el aro rival y Barlow protagonizaba un duelo particular de 'treses' altos con Rost. La efectividad visitante daba miedo y un 2+1 de Donaldson le otorgaba ocho puntos de renta ya en el primer cuarto. Menos mal que aparecieron desde el banquillo tanto Lescano, con robos y canastas, como un gran Junyent, sacando faltas de ataque y culminando ofensivas rojillas, para igualar la contienda.

Pero el CAI ayer volvió a mostrarse irregular y muy lento en ataque. El movimiento de balón era excesivamente pausado y no se encontraban buenas opciones de tiro. La defensa tampoco funcionaba demasiado bien y los canarios volvían a tomar ventaja, merced al daño que hacía Richi Guillén al poste bajo. Rápido tiempo muerto y de nuevo el capitán Lescano y Pedro Rivero que salen al rescate aragonés con varias recuperaciones consecutivas y contragolpes que acabaron en canastas fáciles.

El duelo se volvió farragoso, bronco, vertiginoso y plagado de fallos. La situación de Quinteros era desesperante, no anotaba ni en pleno correcalles. Tras el descanso poco cambió y el CAI seguía sin ideas en ataque. Solo se jugaba para el australiano David Barlow, quien lo intenta pero muchas veces peca de precipitación e individualidad. Eso hace previsible a un equipo que con un triple de Rost volvía a estar ocho abajo.

Era reaccionar o morir. El CAI cambió con la defensa zonal ordenada por Abós, merced a la cual los rojillos apretaron el electrónico y la grada se vino arriba.

El último parcial comenzó con la tónica del encuentro, dos triples de La Laguna que abrían la brecha ante un CAI en el que imperaban los individualismos. Pero a siete minutos y 40 segundos del final se acabó la maldición. Quinteros anotaba su primera canasta y desde entonces sorprendería con una actuación espectacular.

El duelo era como un tobogán. Si el argentino y la agresividad atrás daban vida a los zaragozanos, otros dos triples canarios devolvían las malas sensaciones. Diez abajo a tres minutos del final. Mala pinta.

Pero un nuevo milagro ocurrió en el pabellón aragonés. Dos aciertos desde la línea de tres encendieron al público y a la defensa del CAI que apretó y se entregó sin guardarse una gota de esfuerzo. Eso permitió anotar en rápidas transiciones y llegar a los últimos segundos con empate en el marcador cuando Quinteros anotó dos libres.

Había que tomar una decisión. Abós, con unos 20 segundos por jugar, decidió cometer tres faltas seguidas para mandar al rival a la línea y tener el último balón. Un riesgo elevado una vez completada la remontada. Pero le salió bien. Porque Paolo pudo forzar una personal que desembocó en la prórroga.

El escolta se había echado el equipo a la espalda y en los cinco minutos suplementarios forzó un dos más uno para presentar las credenciales de la victoria. Y si no anotaba, asistía a sus compañeros mejor colocados. Y, si no, era Lescano, el que culminaba un contraataque. Y para evitar las dudas, su seguridad desde la línea de libres sentenció un choque que estuvo perdido, pero que Quinteros se encargó de voltear.

La imbatibilidad del CAI en su cancha sigue viva. Doce de doce. Ese es el camino, aunque haya que seguirlo a base de milagros. El de ayer fue el tercero, la tercera victoria en el tiempo extra, aunque con este carácter el milagro no es que llegue, sino que se busca.

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