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Blog - Los desastres de la guerra

por Gervasio Sánchez

REAL ZARAGOZA

No salen de pobres

El Real Zaragoza, que se adelantó de penalti en la segunda parte, dio vida a un muerto Almería y le regaló el empate al final.

Piatti marca el gol de empate ante las sorprendidas miradas de Leo Franco y Javier Paredes.
No salen de pobres
CARLOS BARBA/EFE

Nada nuevo bajo el sol del Cabo de Gata. El Almería llegaba penúltimo y penúltimo salió del partido. Y el Real Zaragoza acudía como colista y colista sigue. Ambos mostraron durante 90 densos minutos de juego el amplio repertorio de motivos por los que cierran la clasificación. Imprecisiones con el balón en los pies, falta de picardía en la mayor parte de sus jugadores, dudas tácticas impropias de equipos de élite o falta de calidad en el arte supremo del gol son males que definen, como ayer se vio, el perfil de almerienses y zaragocistas. Cierto es que, por el discurrir del choque, el sabor más amargo se lo quedó para unos cuantos días el Real Zaragoza. De entre la mediocridad, de entre el descontrol del ritmo de juego, los de Aguirre encontraron petróleo con un inocente y claro penalti de Rigo a Lafita a falta de 25 minutos. Cuando el 0-0 empezaba ya a tomar cuerpo, Gabi transformó esa pena máxima y la victoria, la ansiada e indispensable victoria blanquilla fuera de casa pareció estar al alcance de la mano por fin.

Pero no podía ser verdad tanta dicha y las cosas volvieron al cauce habitual a falta de 13 minutos, cuando el Almería estaba muerto y su público callado (se oía desde lo alto del graderío el golpeo del balón). El Zaragoza, con todo a favor, no supo apuntillar al atribulado rival y patrocinó, con un error tremendo en defensa, el 1-1 que marcó de cabeza Piatti, apodado 'La Pulga' porque se trata de un muchacho que apenas levanta del suelo 162 centímetros.

Bien mirado, cabe considerar la igualada final como el resultado justo. Realmente, ninguno de los dos colistas mereció vencer. Ambos tuvieron sus opciones, los dos generaron acciones aisladas en momentos puntuales que podrían haber llevado el lance por otros derroteros. Pero fueron igual de irregulares, estuvieron igual de nerviosos y dieron muestras de iguales defectos y carencias. Aun así, para los zaragocistas es una lástima llegar a la recta final de un partido tan relevante con el marcador a favor y, de nuevo, ser incapaces de sujetarlo ante un adversario que parecía liquidado.

Con 0-0, durante más de una hora, el combate fue un ir y venir sin norte para ambas escuadras. Oltra y Aguirre, en definitiva dos novatos que acaban de suplir a Lillo y Gay (los verdaderos hacedores y conductores durante tres meses de semejantes engendros), no podían domar a los 22 protagonistas desde la banda. No había orden ni concierto. De repente atacaba el Zaragoza como, en un minuto, el Almería se inventaba tres jugadas de reacción que mutaban las sensaciones. Jarosik amagó el gol en un córner nada más empezar y dio paso a un cuarto de hora de control avispa, aunque sin tirar a puerta jamás con peligro. La tortilla dio la vuelta repentinamente en el minuto 16. Goitom falló el gol más clamoroso del trimestre, con permiso del que marró Marco Pérez el primer día en Riazor. Solo a bocajarro, remató 'torcido' y se la echó a las manos a Franco, que estaba medio caído al lado de un poste. Del cantado 1-0 que se fue por fortuna al limbo, el péndulo se desplazó al otro extremo con tres remates seguidos de un desafortunado Bertolo que, entre el minuto 20 y el 25, erró hasta tres tantos que, en condiciones normales, un jugador de Primera anota siempre. Y el nuevo volteo de la sartén antes del descanso lo protagonizó Kalu Uche, el hermano almeriense del zaragocista. Suyas fueron dos jugadas llenas de intención y peligro que Franco y la suerte abortaron.

En el segundo periodo, antes de los goles consumados en la recta final, el partido discurrió por los mismos cauces de alboroto. Uche amagaba y Paredes o Marco Pérez replicaban con disparos sin puntería. Un querer y no poder de locales y visitantes enmedio de un inacabable manifiesto de impotencia. Por cierto, esta vez no cabe achacarle al árbitro, el desconcertante Ayza Gámez, ni un átomo de culpa en el mal día del equipo zaragocista. Además de que señaló el penalti sobre Lafita, ignoró otro de Edmilson a Piatti en la primera parte. Mejor así.

Aguirre pedía en la previa "alma, corazón y vida". Se confundió de bolero. Ayer, en Almería, Los Panchos entonaron "Cielito lindo". Ya saben: "Ay, ay, ay, ay... canta y no llores". No queda otra.

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