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REAL MADRID-CAI ZARAGOZA

No hay nada imposible

El CAI aprendió en el Palau que puede ganar a un grande a domicilio y hoy busca una nueva gesta en la cancha del colíder Real Madrid, que aún no ha perdido en su casa.

Felipe Reyes le pone un tapón a Paolo Quinteros durante uno de los duelos de hace dos temporadas
No hay nada imposible
HERALDO

En cualquier otro momento visitar la cancha del Real Madrid hubiera sido como ir a una sala de tortura, con la cabeza baja, y confiando en no recibir un castigo excesivo. El conjunto blanco es un 'grande' de la ACB y pocos salen vivos de su pista. Pero todo eso ya es cosa del pasado. Y lo es merced al sorprendente triunfo que logró el CAI Zaragoza en el Palau Blaugrana. Esa victoria en una pista inexpugnable históricamente ha otorgado confianza y fe a los rojillos, quienes ya visitan cualquier pabellón con opciones, aunque sean pocas, de salir victoriosos. Eso mismo es lo que ocurre hoy. Después de derrotar al Regal Barcelona, el conjunto de José Luis Abós no descarta otro 'sorpresón'. Sabe que es muy improbable, pero no imposible. Ya no hay nada imposible para un CAI que a partir de las 12.30 tratará de ofrecer su mejor nivel de juego y esperar un mal día de los blancos. Sólo así se podrá ganar, pero el aspecto moral ya lo tiene de su lado el cuadro aragonés.

En muchas ocasiones esa faceta anímica decide los encuentros, aunque para vencer a todo un Real Madrid hacen falta bastantes más cosas. Fundamentalmente porque las diferencias entre uno y otro conjunto son abismales. La principal está en la calidad de las plantillas. Mientras los zaragozanos forman un bloque 'apañado' para luchar por la permanencia, el grupo que dirige Ettore Messina es amplio, derrocha calidad por sus cuatro costados y cuenta con más de dos jugadores por puesto.

Equipos de esa talla, que están inmersos en varias competiciones, con dos partidos por semana deben tener un banquillo profundo y el del club blanco es como un pozo sin fondo. Por poner sólo algunos ejemplos, un hombre como Sergi Vidal, que sería valiosísimo en cualquier conjunto de la liga, apenas tiene minutos en este Real Madrid. Algo parecido les ocurre a piezas principales de la pasada campaña, como Jorge Garbajosa y Novica Velickovic.

Y es que por delante tienen jugadores de tanta calidad que resulta complicado hacerse un hueco en el equipo. A los que ya estaban el año pasado como Prigioni, Llull, Felipe Reyes o Tomic se han unido este verano fichajes contrastados como los de Carlos Suárez, Clay Tucker, Sergio Rodríguez o D'or Fisher.

La pléyade de estrellas al servicio de Messina hace que cualquiera de ellas pueda decidir un encuentro por sí misma. De esta manera, centrarse en la defensa de uno solo de los blancos no daría los resultados deseados. La misión es defender al bloque local en su totalidad con las dificultades que eso conlleva.

Pero en ese aspecto, en la defensa, estará la clave del partido. En primer lugar porque esa agresividad atrás demuestra el interés por el triunfo y el nivel de concentración de un equipo. El CAI necesita de esa defensa para mermar a sus rivales. Porque el ataque lo tiene. Bueno, salvo el otro día en Menorca en el que su acierto brilló por su ausencia. Pero habitualmente la ofensiva rojilla es efectiva y su defensa, irregular.

Crecer desde atrás. No queda otra ante un rival que encaja diez puntos menos por partido que los de Abós. Y es que si la defensa es fundamental para que el equipo aragonés tenga opciones, precisamente esa defensa es la base del éxito del Real Madrid. Los blancos forman la segunda mejor defensa de la competición y encajan una media de 69 puntos. Esa intensidad atenaza a sus oponentes, algo en lo que no debería caer el CAI hoy.

Duelos desiguales

Además de colectivamente, el desequilibrio durante el encuentro se puede vivir en los duelos individuales, unos emparejamientos muy desiguales dependiendo de las posiciones. La experiencia de Prigioni y la 'electricidad' de Sergio Rodríguez pueden ser armas difíciles de combatir por Van Rossom o Riera, quienes necesitarán la ayuda de Miso. Lástima que no se haya recuperado a tiempo el veterano base Carlos Cabezas, quien viajó con sus compañeros a Madrid, pero todavía no volverá a las canchas.

Llull a buen seguro que será el perro de presa del francotirador Quinteros, quien no podrá relajarse en defensa cuando tenga enfrente a otro 'killer' como Tucker. En el puesto de alero alto David Barlow tendrá que multiplicarse, ya que Suárez es un seguro de vida y en la recámara están Velickovic o Garbajosa, incluso el joven Mirotic; mientras que en el juego interior Hettsheimeir y Chubb pugnarán con Tomic y el poderoso Fisher, y Aguilar (ante el equipo que lo ha cedido al CAI) y Phillip harán lo que puedan ante el incombustible Felipe Reyes.

Si a todo eso se le añade que el conjunto merengue es el más intimidador de la liga, con 5,3 tapones por encuentro, y el que menos balones pierde de toda la ACB -una media de 11,4- la presentación del encuentro es de todo menos favorable a los intereses rojillos.

De hecho, hace dos campañas, en la última visita zaragozana al feudo madridista, los locales pasaron por encima de un CAI incapaz de plantar cara a un bloque cuyas rotaciones no rebajan en absoluto su calidad en cancha.

Pero como ya se ha dicho, eso forma parte de la historia. Este equipo, el de José Luis Abós, ya rompió todos los pronósticos al tumbar al Barcelona a domicilio y peleará por tener opciones de ahcer lo mismo ante el actual líder de la competición junto al Caja Laboral.

Todos saltarán al parquet con esa mentalidad, con la de jugar como en el Palau y, sobre todo, sin presión y sin nada que perder. Saben que no hay nada imposible y eso les ayudará en la contienda.

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