MANN FILTER 68 -58 GIRONA

Nadie regala nada, hay que ganarlo

El Mann Filter sufrió lo suyo para tumbar a un Girona al que no 'remató' cuando pudo. Las amarillas rozan el tercer puesto de la tabla al acabar la primera vuelta liguera.

Aneika Henry trata de anotar ante la oposición gerundense.
Nadie regala nada, hay que ganarlo
A. NAVARRO

La dinámica positiva del Mann Filter hacía pensar ayer en un cómodo triunfo ante el Girona e invitaba a creer en que las amarillas terminarían la primera vuelta en tercera posición, ya que el Rivas parecía que perdería ante el Perfumerías Avenida. Pues ni una cosa ni la otra. Las zaragozanas sí que ganaron, pero sufrieron más de lo debido ante un rival al que dominaron claramente de inicio y no remataron cuando pudieron. Eso hizo que el Filter padeciera hasta el tramo definitivo en el que apareció la creativa Cristina Ouviña. Y tampoco se consumó la tercera plaza, ya que las madrileñas sorprendieron a las salmantinas. La Liga Femenina demostró ayer por partida doble que aquí nadie regala nada y el que desea algo se lo tiene que ganar.


Es cierto que el cansancio en una semana con compromiso europeo puede afectar. Y lo hizo. Pero las chicas de Víctor Lapeña saltaron a la cancha enchufadas. El equipo funciona y de inicio va como una máquina perfectamente engrasada. Dos ataques rápidos, dos buenas defensas, 4-0, 6-0, y Lapeña sigue pidiendo intensidad y velocidad. Ver para creer.

La agresividad atrás era la base y el criterio ofensivo la guinda. Las locales bordaban el baloncesto en el primer cuarto y se colocaban 13 arriba al acabar el primer parcial. Tenían al rival tambaleándose y la calidad para tumbarlo.


Pero no. Carbó y Kelly tiraban del carro gerundense, pero no lograban bajar su desventaja por debajo de los diez puntos. Fundamentalmente, porque aparecían los puntos de Kresovic y tanto Luci Pascua como Henry mandaban en ambas zonas.

Con el marcador diez arriba para las amarillas un tiempo muerto visitante dio sus frutos. Primero porque las zaragozanas se atascaron en ataque merced a una incómoda zona y posteriormente porque las catalanas comenzaron a ver el aro. Especialmente la alero Warburton. Qué barbaridad su capacidad anotadora. La sangría fue total y el Girona le dio la vuelta al partido.


Lapeña tardó mucho en pedir tiempo muerto y sólo lo pidió tras un parcial de 0-12 que yacolocaba por detrás a sus chicas. Parecía mentira, pero el Mann Filter se iba al descanso en desventaja tras un primer cuarto para enmarcar.


La segunda parte comenzó plagada de errores. Ni unas ni otras se hacían con el partido. Afortunadamente las aragonesas mantenían la calma con el balón en las manos y con un par de buenas acciones de su pívot Henry retomaban el mando, aunque fuera sólo por cinco puntos. Pero fue un espejismo, ya que la irregularidad amarilla iba a evitar que el encuentro quedara sentenciado antes.


Porque tras una fase positiva, llegó otra en la que las gerundenses eran quienes jugaban con criterio, mientras que la precipitación cayó del lado de las de Lapeña.


El partido se paró, se enfrió, y lo curioso es que todo estaba por decidir. De hecho, a seis minutos del final las locales mandaban por cuatro puntos (56-52), pero varios errores consecutivos apretaron la contienda.


Hacía falta algo, la inspiración de alguien. Y entonces apareció Cristina Ouviña. Bastante gris a lo largo de todo el encuentro, la creativa jugadora zaragozana se sacó de la manga una penetración, un robo, forzó una antideportiva y dio dos asistencias para Henry. ¿Quién da más? La joven aragonesa dejaba el choque visto para sentencia otorgando una renta de siete puntos a las suyas y parando el partido con el balón en las manos.


La gigantona Henry fue la que lo certificó con otro par de meritorias canastas, pero lo difícil lo había logrado Ouviña antes. Aquí nadie regala nada. Y, a partir de ahora, menos.