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REAL ZARAGOZA

Máxima incertidumbre

La SAD llega a la recta final de enero con todos sus graves problemas y su futuro por resolver.

Agapito Iglesias, Paco Checa, Javier Porquera y Antonio Prieto
Máxima incertidumbre
A. N.

El Real Zaragoza está viviendo un enero bien diferente al que Agapito Iglesias, su presidente y máximo accionista, tenía planeado hasta que llegaron las fechas de fin de año. En el ámbito deportivo, el equipo acomete mañana el cuarto partido del mes sin poder contar con un solo refuerzo, cuando la idea era que a estas alturas ya estuviesen aquí tres o cuatro caras nuevas, como mínimo. En el ámbito económico, los jugadores siguen a la espera de que el empresario cumpla, tras tres demoras consecutivas, con el respaldo financiero de los abonos de los pagarés que vencieron el 31 de diciembre y que corresponden a los emolumentos diferidos del 30 de junio. Ni por asomo, esta era la previsión de Agapito. Y en el terreno político-societario, el constructor soriano ha comprobado cómo, en estas últimas semanas, el proceso de ahogamiento al que está siendo sometido por parte de todos los resortes que le sujetaron incondicionalmente durante cuatro años, ha alcanzado su máxima expresión.

¿Qué hará Agapito Iglesias? ¿Por dónde saldrá de esta encruzijada? ¿Terminará de arreglar pagos con los jugadores y le dará tiempo de traer algún refuerzo en la última semana de mercado de invierno o, por el contrario, todo seguirá como hasta ahora? ¿Llevará pronto al club a la ley concursal o será algún acreedor el que lo empuje a un concurso necesario? ¿Venderá Agapito todo su capital social a algún comprador europeo, asiático o de oriente medio o, en la búsqueda de una salida, encontrará a alguien que esté dispuesto a comprarle sólo una parte y que le permita continuar en el club?

Ninguno de sus colaboradores más estrechos en los últimos años sabe dar respuesta cierta a ninguna de estas preguntas. Nadie conoce por dónde va a romper Agapito. Sin el tutelaje político que lo gobernó durante varias temporadas, Iglesias resulta una persona imprevisible. Es posible que ni siquiera él sepa cuál va a ser el desarrollo último de esta historia.

Pocas veces -o acaso en ninguna ocasión- ha estado el club sometido a una inestabilidad interna tan marcada. Ésta afecta a todos los estamentos, desde la presidencia a los jugadores, pasando, por supuesto, por consejeros y empleados de distinta cualificación.

La incertidumbre rodea todo lo que acontece dentro y alrededor del actual Real Zaragoza. Resulta imposible aventurar si la plantilla puede ser la misma dentro de diez días, al cierre del mercado, o si habrá modificaciones que ayuden a Javier Aguirre en la tarea de la salvación. Tampoco se puede asegurar que Agapito esté en disposición de saldar con naturalidad las deudas pasadas con sus jugadores y, por lo tanto, tampoco cuál va a ser la actitud de éstos en caso de respuesta negativa. Del mismo modo, es una aventura asegurar que Agapito vaya a seguir al frente de la entidad, acogido, o no, a la ley concursal, o que la sociedad anónima deportiva cambie de manos por un precio que a estas horas también resulta por completo incierto.

Dijo en su día el presidente que entregaría el Zaragoza por cero euros a quien asumira la deuda. Ahora habría que interpretar estas palabras y no seguir su sentido literal. Como otras veces ha hecho, Agapito parece que se está moviendo por el filo de la navaja, apurando hasta la más mínima opción de prolongar su presidencia hasta, al menos, el final de la presente temporada.

Mientras tanto, los rumores del más variado tipo se extienden sin control. Unos señalan que el Zaragoza ya está vendido. Otros, que un grupo inversión de capital inglés y americano está interesado. Otros, que el dinero de Moscú podría llegar hasta este punto. Otros, que Agapito pide para sí una importante cantidad de dinero, al margen de que se levanten sus avales personales. En todo caso, hasta aquí, el único que ha dado la cara públicamente como posible comprador del Real Zaragoza ha sido una persona que se declaró insolvente ante la Justicia para no hacer frente a algunas deudas que no dan para nada en el negocio del fútbol.

La búsqueda de certezas choca desde hace un mes con la volatilidad de cada movimiento que hace -o intenta hacer- Agapito. Las ansias de saber son superadas con creces por la incapacidad o imposibilidad de Iglesias para solucionar sus innumerables frentes abiertos. ¿Hasta cuándo será así?

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