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Atletismo

Yelena Isinbáyeva, la zarina de la pértiga

La atleta rusa se retira después de superar 28 récords mundiales.

Efe. Moscú Actualizada 15/08/2013 a las 10:07
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Isinbayeva durante su último saltoAFP/F.F.

La rusa Yelena Isinbáyeva, la "Zarina de la pértiga", ha dejado huérfano el atletismo al retirarse, con la medalla de oro al cuello en los Mundiales, tras una brillante carrera que, junto a su eterna sonrisa, la convirtieron en una de las deportistas más admiradas del planeta.

"Mi único rival es el listón", repitió una y otra vez a lo largo de los años la rusa, que cumplió en junio 31, y que dominó de manera aplastante su disciplina entre 2004 y 2008.

La pertiguista de Volgogrado arrumbó la pértiga en su país de origen tras conquistar su tercer título mundial, dejando como legado un historial envidiable: dos oros olímpicos (Atenas 2004 y Pekín 2008) y un bronce (Londres 2012); siete mundiales (cuatro de ellos en pista cubierta) y dos europeos (uno en sala).

No obstante, lo que le granjeó la admiración del mundo fueron sus 28 récords mundiales, sus saltos por encima de la antaño inalcanzable barrera de los 5 metros, sus vuelos que desafiaban la gravedad y su atractivo físico, que atrajeron a miles de personas a los estadios.

Los Mundiales de Moscú registraron, al fin, este martes, una afluencia de espectadores acorde con el rango de la competición, casi todos atraídos por la esperanza de ver, una vez más, triunfar a Isinbáyeva.

Antes de cada campeonato o mitin, los aficionados se aseguraban de lograr una entrada para la jornada en la que se disputaba la final de pértiga femenina ya que con Isinbáyeva el espectáculo y el récord estaban casi garantizados.

En particular, tres saltos encumbraron a Isinbáyeva al olimpo del atletismo: los 5 metros que superó por primera vez un 22 de julio en Lndres; los 5,05 que le proporcionaron el oro en Pekín y los 5,06 que logró en Zúrich en agosto de 2009, actual récord mundial.

"Era muy importante ser la primera en saltar cinco metros. Me habría suicidado si se me anticipa otra", señaló la rusa, consciente de que había pasado a la historia del atletismo.

Los especialistas y los aficionados no se tomaron en serio la pértiga femenina, que sólo se convirtió en olímpica en Sydney 2000, hasta la fulgurante aparición de la rusa, que logró una veintena de récords en sus primeras temporadas entre la elite.

Bajo las órdenes del ruso Yevgueni Trofímov, Isinbáyeva progresó de manera meteórica y sus marcas parecían no tener techo, hasta el punto de que su entrenador aseguró que llegaría a superar el listón situado a 5,15 o 5,20 metros.

Entonces, Isibáyeva, una atleta que ganó su envidiable elasticidad practicando gimnasia de niña, decidió dar un giro copernicano a su carrera y seguir la senda marcada en la década de los 80 del siglo pasado por el ucraniano Sergey Bubka: récords, espectáculo e ingresos millonarios.

Rompió con el entrenador que la encumbró, dejó su Volgogrado natal y se instaló en Mónaco, mientras entrenaba en Italia bajo la dirección del búlgaro Vitali Petrov y firmaba lucrativos contratos publicitarios.

La forma en que dejó prácticamente tirado a Trofímov, con el que logró 18 récords del mundo en apenas dos temporadas (2004 y 2005) le persiguió entonces como un pájaro de mal agüero.

La Zarina siguió cosechando éxitos, pero sus récords comenzaron a ralentizarse. Desde que se radicó en Mónaco y se entrenó en Formia (Italia), Isinbáyeva logró nueve récords mundiales, cinco en pista cubierta -todos en Donetsk- y cuatro al aire libre, en cinco temporadas bajo las órdenes de Petrov, entrenador de Bubka.

Además, se proclamó campeona olímpica en Pekín (2008), mundial al aire libre en Osaka (2007), en pista cubierta en Moscú (2006) y Valencia (2008), y continental bajo techo en Madrid (2005) y al aire libre en Gotemburgo (2006).

No obstante, su progresión, que parecía imparable, se frenó en seco, hasta el punto de que en 2010 incluso se retiró provisionalmente del atletismo durante varios meses.

Isinbáyeva tomó esa decisión tras no lograr ningún saltó válido en los Mundiales al aire libre disputados en 2009 en Berlín y quedar en cuarto lugar en los Mundiales bajo techo de Doha 2010.

Trofímov, que tardó en olvidar la traición de su pupila, culpó directamente a Petrov del estancamiento de la campeona olímpica, por permitir que se le subiera la fama a la cabeza y dejar que fuera ella quien dictara las reglas.

"Es un stradivarius y la tocan como si fuera una balalaika (mandolina)", aseveró.

En 2011 Isinbáyeva regresó a su ciudad natal, tras más de cinco años de exilio, para entregarse en los brazos de su descubridor, Yevgueni Trofímov y ese mismo año logró el título mundial bajo techo.

Su colección de medallas parecía haberse estancado cuando sólo fue sexta en los Mundiales al aire libre de Daegu 2011, y el bronce de los Juegos de Londres, un año después, no alcanzó a cubrir las expectativas de la Zarina, pero en Moscú ha disfrutado de un adiós de oro. Quiso, pero no pudo, regalar a sus paisanos un último récord, el número 29, pero los 5,07 metros le resultaron inalcanzables.

Su entrenador asegura que el adiós de Isinbáyeva no es definitivo, pero la atleta se propone ser madre antes de que la edad se le eche encima, y regresar al máximo nivel con 33 años o más será muy complicado, incluso para la reina de la pértiga.  




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