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REAL ZARAGOZA

Marcelino castiga a Sergio García

Marcelino ha venido al Real Zaragoza con la disciplina como guía inquebrantable. Su filosofía establece diplomacia en el trato, un respeto unánime y recíproco en el seno de la plantilla, y toneladas de concentración y compromiso. No le temblará la mano en la gestión de cualquier virus que pueda afectar la salud del vestuario y con ese rasgo sobradamente sabido tras sus experiencias en Huelva y Santander desembarcó en Zaragoza. Con él, las desigualdades y privilegios son carne de castigo. Pudo comprobarse nítidamente ayer cuando se incendió el primer cartucho de la temporada. Según una versión, Sergio García desoyó las indicaciones del técnico, Marcelino lo interpretó como una actitud desidiosa e intencionada y zanjó el asuntó con un puñetazo en la mesa y la garganta ardiendo: no le tembló la mano y ordenó al delantero que abandonara la sesión. Sergio, expulsado, se marchó con la coleta al viento.

Los hechos se desencadenaron al poco de comenzar la tempranera sesión de trabajo. Había trascurrido apenas media hora de ejercicios, cuando Marcelino organizó un turno de pases. Los jugadores debían asistirse con un límite máximo de dos toques "per cápita". Sergio reincidió imprecisiones en dos ocasiones, se sobrepasó en el contacto con el balón, Marcelino le apercibió y, a la tercera, el agua rebasó el vaso. Convencido de que Sergio erraba voluntariamente, el entrenador asturiano lo expulsó sin contemplaciones. Pero existe, en cambio otra versión del problema.Según ésta, Sergio García y Paredes habrían discutido y, Marcelino, alertado, les imploró: "Aquí no mandan 40, sino uno. No admito discusiones entre compañeros. Los compañeros se dan la mano". Sergio siguió mostrando su disconformidad y el técnico, entonces, actuó con severidad.

El conflicto entre Marcelino y Sergio ensucia la impecable pretemporada del Real Zaragoza, donde había reinado el sosiego, la conciliación de almas y una temperatura ambiental formidable, con excelente predisposición por parte de todo el grupo y las sonrisas persiguiendo balones. Con el césped bajo las botas, se esfumaron los conocidos casos individuales que habían agitado la primera fase del verano con evidentes síntomas de incomodidad en Segunda.

Uno de esos casos era Sergio García. Antes de lanzarse a la conquista de la Eurocopa, el delantero catalán explicó sin metáforas su intención de continuar su carrera en Primera. Su padre y consejero, días después, insistió en esa dirección y confirmaba la alergia de Sergio a la Segunda División. Con los preámbulos así de sacudidos, Marcelino García Toral lanzó en Navaleno una sonora advertencia al delantero unos días antes de que se reincorporara a la actividad del Real Zaragoza. "Sergio García debe de tener claro que, si viene, tiene que meterse de lleno en la dinámica que lleva el equipo. Si varios futbolistas de la actual plantilla, que tienen una trayectoria muy superior, insisto, muy superior a la de Sergio García, están demostrando una actitud y un respeto absoluto al club, al técnico y a sus compañeros, él deberá hacerlo con más motivo", avisó Marcelino. "Si Sergio García no cumple con esas premisas, será su problema. Su auténtico problema. Sergio, o se mete en el camino, o él solo se sale. Intentaré mostrarle el camino y ayudarle, pero él dirá. Aquí hay otros muchos futbolistas, muchos con mejor trayectoria que Sergio, a los que estoy tremendamente agradecido por su comportamiento", se alargó. Y Sergio regresó. Con la exhortación de Marcelino flotando en el aire, se dedicó a tender la mano y despresurizar la atmósfera: "No recuerdo haber dicho nunca que no quiero jugar en el Real Zaragoza. Esas declaraciones que se me adjudican no sé de dónde las sacaron. Si el equipo me necesita, tendré que estar aquí, aunque a todo el mundo le gusta jugar en Primera. No quiero crear ninguna polémica. El ambiente es bueno y no lo haré. Estoy tranquilo y no haré nada que perjudique al equipo".

Pero la polémica no ha tardado en estallar.

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