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Deportes

REAL ZARAGOZA

Mal arbitraje, peor imagen

El Real Zaragoza jugó horriblemente su crucial partido por la salvación y acabó volteado por un rival directo al que Lizondo Cortés ayudó al final.

Primera sensación al abadonar el campo del Valladolid: el Real Zaragoza es un equipo moribundo, si no muerto. Segunda sensación: el árbitro, en este caso Lizondo Cortés, volvió a errar decisivamente en las jugadas que decantaron el partido a favor del Valladolid, lo que legitimamente sirve como paliativo de la delicada y preocupante primera sensación.

Pero, ¿qué es lo más grave? ¿Que el Zaragoza haya regresado en las dos últimas jornadas a su nivel ínfimo de juego y solvencia que lo han arrastrado a la cola desde noviembre? ¿O que tres arbitrajes en los últimos cinco choques le hayan agraviado seriamente, adulterando los resultados finales de sus compromisos ante Barcelona, Villarreal y Valladolid? Siendo cuestiones de gran calado ambas, a uno le parece que la primera es cualitativamente mucho más determinante. Es tan paupérrimo el fútbol y la imagen que ofrece el Zaragoza en sus últimos y decisivos lances (como en tantos otros de este penosísimo año) que resulta sencillo que un error arbitral lo desarme en cualquier momento. La debilidad zaragocista, la ausencia de personalidad, la mediocridad generalizada, patrocina que el equipo esté a merced de cualquier elemento externo como es, por ejemplo, un arbitraje malo.

El epílogo del partido de ayer, la cantinela que sonó sobre los títulos de crédito, fueron las quejas zaragocistas por el penalti inexistente que Lizondo señaló en una entrada de Paredes a Llorente (fue el 1-1) o el gol anulado en el minuto 91 a Sergio García por un fuera de juego que no existía (hubiera sido el 2-2). Pero este ruido final no puede obviar el argumento principal de la obra que el Zaragoza firmó ayer en Zorrilla. Y esa escenificación resultó, por momentos, lamentable para la afición zaragocista, que espera hace días una mínima señal que le permita aferrarse a la esperanza de que no se va a sufrir para mantener la categoría.

Sin control de balón, sin profundidad en ataque, sin combinación, con un estatismo exasperante, siendo una máquina de perder balones, despejando al voleón en vez de jugar en corto, metidos atrás dejando al desdibujado Milito solo como un naúfrago, nerviosos como flanes, sin solidaridad en varias piezas clave... todo esto y mucho más (negativo, claro) fue ayer el Zaragoza en una cita clave para su futuro en Primera. Jugando así, lo milagroso era estar ganando 0-1 hasta el minuto 53 habiendo tirado a puerta solo dos veces en casi una hora de partido.

El Valladolid, limitadísmo a más no poder, tiró de casta y, con más corazón que otra cosa, provocó los dos goles que voltearon mortalmente al Zaragoza. Es verdad que el primero fue un regalo arbitral y que al final llegó lo del gol anulado a García. Pero hay que reconocer que, jugando con tanta pobreza de recursos, se están dejando las puertas abiertas a los accidentes colaterales que, como pasa siempre a los equipos de la cola, llueven siempre en cascada. Mal síntoma.

Ayer, durante 10 minutos, el Zaragoza ya tocó el descenso virtualmente. Solo lo evitó Adúriz. El ariete del Athletic, con su gol en Huelva, fue el mejor jugador zaragocista de la jornada.

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