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Deportes

ESQUÍ DE MONTAÑA

Los vigilantes de los Alpes

Joaquín Oliva, Angel Capapé y Jorge Subías participan el día 16 en los Alpes suizos en la carrera más larga -53 kilómetros- y dura -se desarrolla por la noche- de esquí-alpinismo del calendario internacional: la Patrulla de los Glaciares.

Dicen los entendidos que hay tres pruebas emblemáticas que un esquiador-alpinista no puede dejar de hacer antes de retirarse: el Trofeo Mezzalama y la mítica Pierra Menta, en Italia, y la Patrulla de los Glaciares en Suiza. ¿Por cuál empezar? Joaquín Oliva, Ángel Capapé y Jorge Subías ya tenían claro en 2004 que su meta eran las elevadas crestas de los Alpes suizos.

Para nuestros protagonistas del club Montañeros de Aragón de Barbastro, sellar su presencia en la mítica Patrulla de los Glaciares, considerada como la más larga -53 kilómetros que se recorren en un día, y por la noche- y la más dura del planeta, no ha sido sencillo. Esta carrera internacional, que tiene categoría de Campeonato del Mundo, se organiza cada dos años por el ejército suizo; está abierta a equipos de tres componentes, militares o civiles, y participan representantes de más de 20 países. "Después de dos intentonas, a la tercera ha sido posible. El proceso se inició el 3 de abril de 2007 y, tras pasar varios filtros, en noviembre nos confirmaron que ya podíamos hacer la inscripción definitiva", relata Jorge Subías.

Esta prueba única se caracteriza por su longitud, la elevada altitud media y el perfil de su itinerario. El recorrido discurre entre las poblaciones suizas de Zermatt y Verbier, con una distancia de 53 kilómetros y un desnivel positivo acumulado de 4.090 metros, desarrollándose toda la competición a una altura media de 2.766 metros. Un avance entre glaciares, con subidas y bajadas por collados, alcanzando las cotas máximas de la Tête Blanche (3.650 m.) y el Rosablanche (3.160 m.). El tiempo límite para completarlo: 18 horas.

"Para poder formar parte tienes que tener un currículo competitivo y de montañero, y poseer unas cualidades especiales de esquiador, ya que te tienes que saber desenvolver por nieve no tratada. Esto te lleva a adquirir un compromiso personal de preparación física, psíquica y técnica", detalla. Oliva, Capapé y Subías, a los que se une José Ramón Agraz en calidad de reserva, poseen un palmarés inmaculado donde no faltan podios en campeonatos de España y de Europa de esquí de montaña, sin olvidar las clásicas celebradas en el Pirineo aragonés. "La preparación ha sido intensa: correr y bicicleta de montaña, para coger fondo, y contacto con la nieve en Cerler, dos días a la semana, cerca de seis horas, para sumar resistencia", detalla Subías. La exigencia es doble: los deportistas no solo afrontarán un itinerario brutal sino que la actividad se desarrollará a oscuras, con la única luz que aporten los frontales, las balizas preparadas por la organización y la luz de la luna, casi llena el día 16, día en que los tres aventureros aragoneses se coloquen en la línea de salida a las 23.00, hora que les ha asignado (horarios, de 22.00 a 02.00, con partida cada hora).

El hecho de que esta carrera se desarrollo de noche, viene de lejos: durante la Segunda Guerra Mundial, se encargó a una de las brigadas militares suiza vigilar la frontera para evitar la entrada de invasores por las montañas. La prueba para seleccionar y evaluar a los soldados y sus capacidades, consistía en atravesar la montaña desde Zermatt a Verbier, en equipos de tres y en una jornada. La primera edición tuvo lugar en abril de 1943, con 18 patrullas, y continuó haciéndose con carácter militar hasta el año 1949, año en el que un accidente mortal forzó su prohibición. Tras un paréntesis de tres décadas la carrera se relanzó, admitiendo a participantes civiles, aunque la organización e infraestructura sigue siendo a cargo del ejército suizo. Así se celebra desde 1984 con un número creciente de participantes y con una difusión que ha trascendido Suiza, donde es evento nacional. Para esta edición la inscripción se eleva a 4.000 personas y 3.000 las solicitudes rechazadas. "El mero hecho de que nos hayan admitido supone una satisfacción increíble. Me imagino el ambiente, el marco incomparable como los Alpes, el amanecer, el perfil de la montaña bañado por el resplandor de la luna... La experiencia va a ser maravillosa", resume Subías.

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