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DESDE EL MUNDIAL

"Los sudafricanos son muy simpáticos y van con España"

Vicente Casanova, comercial en una empresa de informática de Zaragoza y administrador de un blog sobre su barrio, Garrapinillos. está en Sudáfrica para ver el Mundial y nos cuenta sus experiencias. Ha visto el partido de cuartos de final entre Argentina y Alemania, y el de España y Paraguay. Ahora se prepara para animar a la Roja en las semifinales.

"Los sudafricanos son muy simpáticos y van con España"
"Los sudafricanos son muy simpáticos y van con España"
V.C.

Sobre las 14.00 del viernes salimos de la estación Delicias de Zaragoza con destino a Barcelona. Allí cogimos un vuelo que nos dejó en Paris a las 21.00. Un pequeño paso atrás para dar un gran salto adelante. Sería sobre la medianoche cuando embarcábamos en un Airbus A380, impresionante nave con dos alturas que impresiona desde el mismo momento del embarque.

Un suave “bon soir” te saluda a la entrada del avión y te acompaña durante 10 horas. La verdad es que el aparato está dotado de tanta tecnología que está en la clase turista te crees un privilegiado. Una pantalla táctil en tu localidad pone a tu disposición música, TV, cine, videojuegos, mapas de vuelo, etc. Como para no aburrirte si no te durmieras. No fue mi caso, sobre la una. de la madrugada caí rendido. El vuelo fue algo movido y nos despertamos un par de veces. Eran cerca de las ocho de la mañana cuando nos sirvieron un buen desayuno 100% francés, que para eso íbamos en Air France. El aparato alcanzaba los 650 km/h de velocidad y aquello parecía que estaba en el suelo sin moverse ni un ápice.

El sábado, a las 10.00, llegamos a Johannesburgo tras atravesar una basta cubierta de nubes. Todo gris, parecía como un día de estos tristes de otoño de octubre en Zaragoza, aunque la temperatura que nos recibió no era desagradable (16º). El trámite en el aeropuerto y los traslados nos consumió toda la mañana hasta las 12.30, que llegamos al hotel. Con el tiempo justo de hacer la entrada e ir a comer.

Nuestro primer encuentro con la comida sudafricana nos demostró que no son grandes chefs. Según nos hemos informado, sus platos más típicos son las barbacoas. Así pues nos despachamos con unas brasas de diferentes animales mientras veíamos a dos hipopótamos asomando los ojos en una charca próxima. Allí nos informaron que estos animales tan inofensivos –desde el desconocimiento- son los primeros causantes de muertes humanas por estos lares. Son peligrosísimos.

De Johannesburgo, es curioso saber que se fundó en 1886 entre 7 colinas (igual que Roma, Lisboa y otras ciudades importantes) y que el oro es su razón de ser. Un descubridor inglés descubrió por azar la riqueza de esta zona que dio lugar a esta ciudad, que no es la capital del país. Johannesburgo es la capital económica de África y uno de los centro de intercambio de tráfico aéreo más importantes del continente. Tiene 9 millones de habitantes, de los que 4 malviven en el barrio de Soweto, en infraviviendas. Cuando se fundó no había casi árboles, pero han plantado más de 650.000 por lo que se considero una de las ciudades más verdes del planeta.

El momento del partido

El sábado a mediodía, nos pusimos nuestras camisetas españolas y fuimos a ver el partido Argentina-Alemania a una plaza pública con gran abundancia de extranjeros como nosotros. Pocos argentinos y muchos germanos. Según nos íbamos cruzando con paisanos y foráneos, era habitual que la gente nos sonriera, puedo deducir de este estudio de mercado poco riguroso que los españoles caemos bien hasta en el África austral. Nos sacamos algunas fotos con todo lo que se cruzaba con nosotros con pinta extraña y tras ver ganar a Alemania, citándonos con ellos ya en Durban para semifinales, nos fuimos hacia el campo. Antes de partir al estadio nos encontramos en un restaurante con el ex jugador Iván Zamorano con el que me saqué una foto, nos deseo suerte y nos mandó recuerdos para Chupete Suazo (que quizás no tengamos ocasión de dárselos ya).

De camino al campo sorprende la cantidad de gente que asalta las autovías entre los coches para intentar venderte banderas y vuvuzelas. Se juegan el tipo tranquilamente. Llegando al campo el dispositivo de seguridad es discreto pero efectivo. Varios cordones hasta llegar a las inmediaciones del mítico Ellis Park Stadium. Buscas a Mandela entre los gorros de colores, pero solo ves a sus familiares.

Es muy divertido ver a muchos sudafricanos vestidos con los colores de España e, incluso, disfrazados de toreros o de toros. Les saludabas con un “Aúpa España” y no sabían responder. A la pregunta de por qué iban con España decían que Sudáfrica estaba eliminada y les gustaba España. De cada 10 personas con la camiseta de España, 6 ó 7 eran sudafricanos. Fue muy divertido juntarnos con ellos y enseñarles a cantar el himno o el clásico “Yo soy español, español, español...”.

No deja de sorprender que puedas comprar alcohol dentro del estadio sin problema, mientras sea la cerveza oficial. Fumar dentro del campo no se puede (aunque el estadio no está cerrado), pero beber alcohol todo el que quieras mientras pagues las cervezas a 30 rands (unos 3 €). Las vuvuzelas he de reconocer que me han molestado menos de lo que pensaba, llevaba tapones para los oídos y no los he usado.

Qué decepción con los franceses. En mi localidad estaba rodeado de ellos, entramos saludándonos y dando por supuesto que iban con España. Nada más lejos de la realidad. Qué rabia cuando vimos que lamentaban una ocasión errada por Paraguay, allí empezó el cachondeo. Cada ocasión de España nosotros les hacíamos gestos de complicidad, que no devolvían.

Los pocos paraguayos auténticos que vimos antes del partido entraban ya resignados, sin creer realmente en su victoria. Las televisiones latinoamericanas que veían que éramos españoles auténticos (así nos publicitábamos) venían a entrevistarnos preguntando el pronóstico del partido. Los sudafricanos son gente muy simpática, especialmente con nosotros.

En el descanso nos reímos muchos mientras comprábamos unos ‘hot dog’. Allí me hice amigo de un noruego que acabo cantando conmigo el himno del Zaragoza y besando la tarjeta de socio que yo le mostré. Me resultaba difícil en mi “voluntarioso” inglés explicar la parábola de Nayim a Seaman en 1995. Tanto nos divertimos comprando el bocadillo, que nos pilló fuera de la localidad el penalti contra España. Nos lo dijo un sudafricano y fuimos corriendo para verlo, llegando solo al otro penalti que hubo luego a favor de España. Encontramos a los franceses destrozados en las localidades vecinas. Nosotros veníamos más contentos que unas pascuas y con frescas cervezas para la segunda parte. Esa fue la nuestra. Nunca vimos el partido perdido y los franceses acabaron despidiéndose abrazándonos y deseando suerte para Durban (no sé si era muy sincero….). Mañana (por ayer) viajamos a Livingstone para ver la verdadera África antes de las semifinales.

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