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CICLISMO

Los Schleck salvan su Tour

Los hermanos luxemburgueses cayeron pero el pelotón, con Lance Armstrong a la cabeza, decidió no tirar con fuerza.

Chavanel celebra su victoria.
Doble golpe de Chavanel
AFP PHOTO

El peligro ronda en cada recodo de estas carreteras estrechas, mojadas por la lluvia, con adoquines -los de hoy, camino de Arenberg serán peores- llenas de rotondas, de bordillos que no se ven entre la penumbra de un día gris, típico del verano de este país. ¡Estamos en Bélgica!

Si a esas dificultades se le añade que según muchos corredores había algo en la carretera, aceite probablemente, que impedía a los corredores mantenerse en pie, nos encontramos el espectáculo que hemos visto.

El francés Sylvain Chavanel, un veterano de 30 años de edad adora estas rutas, el ciclismo belga. Por ese amor y por un buen contrato cumple su segunda temporada en un equipo de este país. Ganó la etapa, se colocó el maillot amarillo, el verde y realizó 195 kilómetros escapado, buena parte de ellos acompañado de otros siete corredores. El tramo final, el más complicado, lo cubrió en solitario.

Unas carreteras en las que cualquier pequeño detalle en contra se convierte en un drama. Hubo caídas, y más que habrá, lo que hizo que el pelotón principal quedase destrozado, desahuciado en la ruta. Los ciclistas iban como buenamente podían, enganchados a su amor propio más que a la bicicleta. Venció Chavanel y su triunfo no debe de ser empañado por nada, pero lo cierto es que contó con el beneplácito del pelotón, que cuando se cayeron los hermanos Schleck, ralentizó su marcha. Todo sucedió en la montaña más alta de Bélgica, Stockeu, con 509 metros de altitud. En su bajada las cunetas se poblaron de ciclistas que resbalaban sobre el asfalto y se iban al suelo. Hubo un parón, el pelotón se cortó. Andy y Frank Sckleck se quedaron tirados, a tres minutos del grupo de cabeza en el que iba el líder, su compañero Cancellara. Armstrong, Contador y Basso también tuvieron que perseguir. Lo de ellos no era grave, pero lo de los Schleck, sí. Le pueden agradecer a Cancellara el comportamiento que tuvo.

Si él no para los ímpetus del grupo que mandaba en la etapa, el Tour se hubiera quedado sin dos aspirantes al triunfo a las primeras de cambio. Liquigas colocó muy rápido a Basso, Contador y Armstromg en la vanguardia de la carrera. Delante estaban Menchov, Sastre, Evans, Samuel Sánchez o Luis León Sánchez. Faltaban dieciséis kilómetros para el final. A los Schleck les costó algo más de sufrimiento llegar.

Iván Gutiérrez y Luis León Sánchez hablaron con Cancellara para decirle "si tirabámos para delante". Lance Armstromg, más humano que nunca, dijo que "era evidente que había que parar. He visto a Bradley Wiggins con la bicicleta rota por detrás de mí. Había corredores cada dos metros al lado de la carretera, heridos, retorciéndose de dolor. Parecía la guerra".

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