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BIATLÓN

Lobo en la diana

El triatlón atrapó a Víctor Lobo, un zaragozano que ha escrito su historia por medio mundo engalanándola de títulos nacionales. Ahora, el deportista del Stadium Casablanca se prepara para dar el salto olímpico al biatlón.

Víctor Lobo, en el campo de tiro del CT Loredo de Huesca.
Lobo en la diana
RAFAEL GOBANTES

Víctor Lobo sigue descubriéndose como deportista. Hace una década su hermano Antonio le enseñó el camino de una especialidad exigente que le reclamaba convertirse en un hombre completo en el arte de correr, dominar una bicicleta y deslizarse sobre unos esquís de fondo. El triatlón atrapó a este zaragozano que ha escrito su historia por medio mundo engalanándola de títulos nacionales. "Siempre he intentado aprender del día a día, de cada campeonato, coger experiencia para mejorar", sostiene. Víctor Lobo es un hombre curioso, al que le gusta atrapar sus inquietudes y traducirlas en proyectos. Su experiencia sobre el manto blanco atrajo los deseos de conocer una modalidad que apunta al centro de la diana de sus pretensiones: ser olímpico. "Ahora descubro las particularidades del biatlón, como cuando comencé en el triatlón. Siempre he sido un poco autodidacta y así he logrado éxitos. Ahora quiero iniciar un nuevo camino. Hay margen de tiempo para soñar con unos Juegos Olímpicos de Invierno. De momento, sigo para adelante", explica el deportista, fiel al Stadium Casablanca.

Víctor Lobo sentía que había tocado techo en una especialidad en la que se ha crecido gracias a un don natural. Desde 2004 nadie ha sido capaz de batirle en este país (seis medallas de oro nacionales). Sus rivales han tenido que rendirse ante la superioridad del internacional, que trabajaba su depurada técnica en el Valle de Aragón a las órdenes de otro grande del triatlón de invierno, Juan Carlos Apilluelo 'Api', gran dominador de la modalidad en los años 90 (13 coronas). En la ciudad noruega de Eidsvoll, Lobo asistió el pasado febrero a su cuarto Mundial y allí tomó la decisión de guardar la bicicleta para sacar partido a su estilo con los esquís y dar salida a un rifle que sujeta con determinación. "La motivación iba debilitándose porque cada año era más difícil; me estaba dando cuenta de que me quedaba estancado, que no iba a más", afirma el triatleta, que completó en 2005 un año mágico: medalla de bronce en el Campeonato de Europa en Freudenstadt (Alemania) y segundo en la Copa del Mundo de Valberg (Francia). Desde entonces, no faltó a su cita invernal con la selección en Europeos y Mundiales (9º en 2004 y 2008; 10º en 2005).

En pleno proceso de reciclaje deportivo, el aragonés quiere dar el salto a su primer Campeonato de España de biatlón, en marzo en Candanchú. "Hace dos años hice el examen para tener la licencia de carabina junto con mi hermano Antonio. Quería probar y me pareció entretenido. Pero esta especialidad es un poco compleja: porque además del examen teórico tienes que hacer el práctico; luego pasan unos meses hasta que consigues el certificado y, después, la Guardia Civil te tramita la licencia. Después hay que buscar una armería, comprar el rifle, localizar un club de tiro y sacar tiempo, muchas horas de entrenamiento. En otros países, donde es deporte nacional, todo el proceso va más rápido", desarrolla Lobo, que reside en Huesca y ocupa su jornada profesional en la Fundación del Hidrógeno de Aragón en Walqa. El Stadium Casablanca le agilizó la cadena proponiéndole un plan: le facilitaba su medio de trabajo en su nuevo proyecto deportivo; a cambio, se convertía en profesor de la cantera de la nueva sección de biatlón, un deporte que tiene su origen en la necesidad. Los hombres primitivos de las heladas tierras del norte de Europa tenían que ir a cazar a lugares inhóspitos desplazándose en algo parecido a los actuales esquís y llevando algún arma al hombro. Con el tiempo esta obligación ha dado paso a la versión lúdica y competitiva que premia la rapidez y técnica del esquiador y la concentración. España se abre un hueco en el panorama internacional con dificultad. "Alguna vez he hablado con la Guardia Civil y Militares, los máximos exponentes en el biatlón en la actualidad, ya que está ligado a su entrenamiento, y tienen ganas de que haya más nombres", confiesa Víctor Lobo.

El Club de Tiro Loreto en Huesca se ha convertido en su segundo hogar, y el estadio de biatlón de Candanchú el punto donde tuvo su primera toma de contacto en septiembre. En una prueba en seco, Víctor Lobo puso en escena, aunque sin nieve, las lecciones que ha asimilado de forma acelerada: "Sobre todo, coordinar todos los pasos que hay que seguir: correr, parar, quitarte el fusil, tumbarte, mirar al blanco estático, apuntar... En esos momentos, vas muy, muy acelerado. Todo se mueve. ¿Reglas? La mía consiste en respitrar tres veces, con profundidad, soltar el aire y disparar, tratar de penalizar lo menos posible. He aprendido a tirar con 180 pulsaciones... No puedes parar porque pierdes segundos preciosos", describe.

Con 30 años, Víctor Lobo echa la mirada atrás y evoca su primera prueba de triatlón en Candanchú. Tenía 20 y era un novato en un mundo de veteranos. "Todos me decían que no se podía empezar con mi edad, pero con 22 ya era campeón de España". El zaragozano se asoma al biatlón y su seguridad alimenta un sueño que se dibuja con cinco aros de colores: "El triatlón no es olímpico, pero el biatlón sí. Si lo lograra...".

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