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REMO

Las yolas se adueñan del Ebro

El Trofeo CAI Ciudad de Zaragoza reunió ayer a decenas de amantes del remo.

Una de las yolas participantes se dirige a la primera boya.
Las yolas se adueñan del Ebro
C. MONCÍN

"No podemos quejarnos: ausencia de viento, sol y una respuesta aceptable de público", comentaba sincero Antonio Sancho, presidente de la Federación Aragonesa de Remo. No le faltaban motivos para sonreír, ayer junto a la ribera del Ebro. El Trofeo CAI Ciudad de Zaragoza de Yolas se desarrolló en unas condiciones inmejorables en el embarcadero de Vadorrey. Allí, los participantes -venidos de distintos puntos de la geografía nacional- disfrutaron y sudaron a bordo de sus yolas. "Estas embarcaciones son más anchas que las de remo clásico. Se fabrican así para evitar que sufran en los giros. En esta modalidad, la pericia recae en el timonel, que va guiando a los cuatro remeros que tiran de la yola", explicaba Sancho.

 

Amantes del remo, del río y curiosos atraídos por la megafonía no quisieron perderse el espectáculo. Familias enteras se situaron en el césped de las renovadas riberas. Sobre las mansas aguas del Ebro, los remeros respondieron dándolo todo. "Llevábamos tres años sin poder celebrar el trofeo aquí por distintos motivos: principalmente, las obras. Ahora, aunque las instalaciones están todavía inacabadas, podemos competir aquí. Quisimos traer una prueba multitudinaria, pero preferimos seguir esperando a que se concluyan las instalaciones que completarán este embarcadero, como los vestuarios", apuntaba el presidente de la aragonesa.

 

Pero no todo fue a pedir de boca. En general, los organizadores echaron de menos a algunos equipos. "Nos hemos coordinado mal con el Club de Remo Lodosa, que preparó otra prueba para esta fecha. No obstante, hemos conseguido que viniese una entidad muy fuerte a nivel nacional, como es el Club Marítim de Barcelona", señalaba Sancho. Los catalanes dominaron la final de sénior. Eran los favoritos y lo demostraron desde que el grito de '¡va!' marcó el inicio de la prueba. Los de la ciudad condal abrieron brecha antes de girar en la primera boya, por pura inercia. Sin embargo, sus rivales no tiraron la toalla. Por eso, recibieron el reconocimiento del público en forma de aplausos. Después, una comida para todos de pura confraternización. Así es el carácter vital de los amantes de un deporte que pide a gritos lanzarse al río Ebro de forma definitiva.

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