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REAL ZARAGOZA

La trama política

El propietario del Real Zaragoza, Agapito Iglesias, negaba hace unos días la relación del Gobierno de Aragón con la entidad deportiva. Sin embargo, sus caminos se entrecruzan con fluidez y muchas de las cuestiones que han ocurrido este año solo se pueden interpretar desde una clave política.

MIGUEL GAY. Zaragoza Actualizada 28/05/2008 a las 00:33
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No sé de dónde vienen esos rumores; la política no tiene nada que ver con esto". A Agapito Iglesias nadie le había preguntado por la implicación del Gobierno de Aragón en el Real Zaragoza, pero el máximo accionista quiso salir a la palestra -en su única comparecencia ante los medios, hace una semana- para resolver la cuestión. De un plumazo.

Pero es difícil ocultar la sombra del Ejecutivo aragonés en los dos años que Agapito Iglesias y Eduardo Bandrés llevan al frente de la entidad blanquilla.

Porque la propia operación de compra-venta del Real Zaragoza viene avalada, amparada y auspiciada por el Gobierno de Aragón. De hecho, el impulsor de la iniciativa, el empresario cincovillés Emilio Garcés, contaba con el respaldo del vicepresidente José Ángel Biel y del aparato político del Partido Aragonés; aunque su entonces socio, Agapito Iglesias -al que Garcés llevaba de la mano- encontró una autopista aún mejor asfaltada en el ala socialista del Ejecutivo, que le allanó el camino a la compra de la sociedad deportiva.

Garcés, zaragocista comprometido, se encontró apeado del proyecto que él mismo había promovido. Y Agapito Iglesias, amparado por el entramado del Gobierno de Aragón, resultó ganador del pulso por el liderazgo de la operación y máximo accionista de la entidad, después de que su socio, que se retiró del proyecto, le vendiera sus acciones.

Para entonces, el técnico Víctor Fernández ya era la cabeza visible del proyecto en la parcela técnica, aunque fichado no se sabe muy bien por quién...

La primera iniciativa de Agapito Iglesias fue la de visitar la Presidencia del Gobierno de Aragón. La segunda, optar por Eduardo Bandrés, entonces consejero de Economía, para convertirlo en presidente ejecutivo del Zaragoza.

Pero antes tuvieron que apartar del camino al director general de Deportes, Pedro García Villamayor, cuyo despegue fue frenado en seco, después de habérsele ofrecido la presidencia. De hecho, Villamayor se había mostrado como una voz crítica en el proyecto municipal promovido por su partido y Chunta Aragonesista para la construcción de un nuevo campo en el mismo escenario que el actual. Y no tuvo reparos en llamar la atención a su propia consejera, Eva Almunia, y a su viceconsejero, Juan José Vázquez, por el poco aprecio que habitualmente mostraban hacia el área de Deportes. No era el candidato ideal...

Bandrés, otro enamorado zaragocista, se dejó seducir por los cantos de sirena del proyecto. La nueva candidatura no solo servía para sofocar la opción de Villamayor -un consejero pasaba por encima de un director general-; era también un respaldo para Marcelino Iglesias, que apartaba la sombra creciente de un político con proyección tanto dentro del propio Gobierno como dentro del Partido Socialista.

La configuración del Consejo de Administración del Real Zaragoza -llamativo en los nombres, inútil en la forma- tampoco se sustrae al componente político. No en vano, en las oficinas del club se reúnen viejos conocidos en otro consejo, el de Plaza Servicios Aéreos -antes Plaza Cargos Services-, con notables implicaciones políticas, del que además de Agapito Carmelo Iglesias, se alistaban José Antonio Gómez de la Fuente y Juan Fabre Marqués. Y en el que figura también Julio Carlos Escó Sampériz -en la actualidad, viceconsejero de Obras Públicas, Urbanismo y Transporte-.

El Real Zaragoza, que ha tenido algunos roces con el Ayuntamiento, sobre todo por las cuestiones relacionados con el nuevo estadio, ha recibido siempre parabienes por parte del Gobierno de Aragón. El más significativo, el extraño contrato suscrito a través de le televisión autonómica.

El Consejo de Gobierno decidió ofrecerle cuatro millones de euros, en un contrato de imagen y patrocinio. En la misma operación, la Televisión Aragonesa entregaba 12 millones de euros -dos mil millones de pesetas- a la empresa Mediapro -que no al Real Zaragoza, que ya había vendido sus derechos- para poder ofrecer los partidos que La Sexta emitía los sábados a las diez de la noche. La apuesta era utilizar el fútbol para intentar levantar la audiencia de la televisión autonómica.

La presencia de hilos que manejan el club se ve en otras actuaciones llevadas a cabo en el seno de la entidad. Incluso en la pérdida de papel y protagonismo del presidente ejecutivo de la entidad. O en la parsimonia en la toma de decisiones en cuestiones importantes. O en la escasa relevancia ofrecida al Consejo de Administración. El camino estaba asfaltado.




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