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REAL ZARAGOZA

La Segunda espanta

El descenso ha dejado sin sentido las negociaciones avanzadas por el Real Zaragoza desde hace tres meses. Los entrenadores cortejados no quieren saber nada y los jugadores barajados no sirven.

Se termina hoy la primera semana post-descenso del Real Zaragoza y la nebulosa sigue siendo densa y confusa dentro y en los alrededores de la entidad. Lo único que ha trancendido, de puertas para afuera, es la dimisión irrevocable del director deportivo Miguel Pardeza. Es la única señal de congruencia emitida desde el galimatías que es, desde el pasado domingo, el colectivo de dirigentes, ejecutivos y empleados zaragocistas tras el descenso del equipo a Segunda División.

El desconcierto, la desorientación, la falta de un norte claro, es una evidencia, aunque se intente disfrazar de calma, reflexión y consenso entre la multicefalia que habita esa casa desde hace dos años. La inmensa mayoría de los afectados directamente por la catástrofe deportivo-económica que supone el adiós a Primera no saben qué va a pasar con ellos y por dónde va a romper la revolución que anunció el accionista Agapito Iglesias el pasado martes.

De los técnicos con los que hablaron cuando aún no creían posible el descenso, Quique ya se ha apresurado para fichar por el Benfica. Por supuesto, la Segunda División queda en las antípodas de la Champions League que va a jugar con los lusos. También el incipiente Emery se ha olvidado de los arrumacos zaragocistas y ha dado el salto al Valencia. La UEFA es oro molido al lado de la hojalata de la Segunda zaragocista. Valverde dice ahora que quiere cumplir con el año de contrato que le queda en el Espanyol, cuando hace dos semanas su adiós estaba cantado y Zaragoza era destino harto sugerente para él. Si al final no sigue en Montjuic, su agente le tiene encarado el banquillo del Getafe e incluso el del Almería, ambos de Primera. Marcelino, que abandona al Racing en Europa, no tiene intención de cambiarla por la división de plata... El poder de atracción que últimamente tenía el Zaragoza ha mutado en rechazo. El mercado ahora ha de ser otro.

Nadie ahí adentro contemplaba como posible el descenso a Segunda y, en ningún momento, se invirtió un solo minuto en valorar lo que podría suponer para el club la caída al infierno. Incluso al último partido de Mallorca hubo máximos dirigentes que viajaron a la isla convencidos de que los tres puntos en Son Moix estaban asegurados. ("lo que sí hemos hecho, y ahí me siento profundamente satisfecho, es hacer hasta el último día todo lo posible por lograr el objetivo de la salvación", dijo Agapito en su comparecencia ante la prensa).

El plan diseñado si la salvación se hubiese producido en Palma hace 7 días (por lo que se ve, el único previsto) hubiera dejado definido a estas alturas, con casi total seguridad, el nombre del entrenador -quizá algo más- del equipo aragonés para las próximas dos campañas. Con o sin Pardeza, Herrera hubiera tenido los suficientes galones (Agapito así lo contemplaba hasta esta semana) como para tirar adelante con la reestructuración técnico-deportiva del nuevo Real Zaragoza desde el mismo lunes pasado. De hecho, dentro de ese único plan anteproyectado en los despachos zaragocistas -el de la salvación final-, en los últimos tres meses de temporada (como suele ser habitual cada anualidad y han llevado a cabo el resto de equipos de Primera) Pardeza, Herrera y también el activo Agapito ya habían establecido diferentes contactos con varios entrenadores y, por supuesto, habían escrutado el mercado de futbolistas apetecibles para fichar. Han sido varias las conversaciones acometidas desde febrero, tanto de forma directa, como a través de las ofertas de los habituales agentes nacionales y extranjeros que revolotean alrededor de La Romareda en los últimos años.

Pero el descenso, además de hundir en la miseria moral y estructural a todos los protagonistas de la alta dirección zaragocista, ha supuesto -de manera automática- el desvanecimiento de todo el trabajo avanzado por el área técnica en la recta final de la temporada. Sin el suelo de la Primera División, todo lo prometido, todo lo soñado, perdió su sentido absolutamente hace una semana en Mallorca.

Partir de cero

En pleno estado de 'shock' y ya sin el referente de Pardeza por su abandono voluntario e innegociable, Agapito y Herrera -con el apoyo del secretario general Paco Checa- empezaron a moverse lenta y torpemente desde el pasado lunes para intentar tomar nuevas posiciones dentro y fuera del club.

A la vez que comenzaron a recibir el aluvión inevitable de llamadas y visitas de agentes (el empresario argentino Hugo Buitrago, que ya viajó a Mallorca, no se fue de Zaragoza hasta el jueves al mediodía) para reubicar el futuro de los componentes de la actual plantilla (la mitad no seguirá), los agobiados dirigentes zaragocistas tuvieron que ir desmontando las diferentes líneas de avance de contrataciones que, de haber continuado en la elite, se habrían activado en el sentido contrario.

Sin demasiada consistencia, dado que todavía no está claro el modo en que va a reordenar la entidad y si todos los que actualmente siguen ahí van a continuar en sus puestos dentro de unos días -o semanas-, el mecanismo está en marcha enmedio de la desazón general. Eso sí, cuenta con la legitimidad que otorga la ratificación pública que hizo Agapito el martes de la figura del presidente Bandrés y el silencio monástico que afecta a figuras como la del secretario técnico Pedro Herrera, que, a la espera de que se defina el modelo de club que decide Agapito para el futuro inmediato, sigue activo en un estado de devaluación personal bastante acusado.

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