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DEPORTE

La moda científica del deporte

La tecnología ha creado trajes de pez, máscaras con visor, pastillas para medir la temperatura y chalecos anticalor.

En los Juegos de la antigüedad todo era más sencillo. A los duelos de lucha, por ejemplo, se les llamaba 'pancracio'. Fácil. Salían a la arena dos portentos y venga. Cara a cara. Valía todo.

Sólo había un par de restricciones: estaba prohibido arrancar los ojos al contrario y morderle. Eso no. Estaba mal visto en la elitista y antigua Grecia. El deporte primitivo. Original. Ahora, los nadadores tienen por piel un traje hilado con tecnología aplicada en la NASA. La escama perfecta. Reduce las vibraciones.

Repele el agua. Ajusta mejor la postura. Está soldado por ultrasonidos. Rentabiliza el consumo de oxígeno... Y no deja de batir récords del mundo.

Se llama LZR Racer y viste a los mejores hombres-pez. Cuando llegó a las piscinas generó polémica e incluso se estudia suspender su uso. Hay partidarios de ponerle puertas al campo tecnológico.

Pero ésa es una batalla perdida. Porque hay mucho más. Zapatillas deportivas que incluyen un GPS para orientarse en Pekín. Tiritas creadas a partir del esqueleto de las gambas, que cortan el sangrado treinta veces antes y que ya están en las pantorrillas de los jugadores de la NBA. Máscaras, como la ColdAvanger, que calienta el aire y permite realizar ejercicio en condiciones de frío extremo. Simuladores de juego con forma de gafas tridimensionales que acabarán con las pizarras en los tiempos muertos del baloncesto: de hecho, ya se utilizan en el fútbol americano. Eso sí, a casi 70.000 euros la unidad...

Es un universo de novedades. Hasta zapatillas de ciclista que, al calentarse, se adaptan al pie del corredor. O cambios eléctricos para la bicicletas... Los golfistas y los tenistas recurren a un chaleco que controla sus movimientos. Sirve para estudiar cada partido. Y descubrir los fallos, el efecto del cansancio. Hay más.

La firma Nike ha confeccionado otro chaleco, el PreCool, una especie de armadura romana. Evita que el cuerpo del atleta se caliente. Retrasa la fatiga: los músculos no se gastan en mantener la temperatura del organismo; ya lo hace la ropa. La parte exterior del PreCool se rellena con agua helada. Y el deportista está aislado por una capa de aluminio. Como dentro de un termo. Dicen que así se tarda un 21 % más en alcanzar la temperatura crítica. El calor es clave en el deporte. La mayor parte de la energía se destina a mantener a raya esa variable. Si se eleva en exceso, se produce al instante el bajón físico. Ahí, claro, interviene la técnica: el sistema de telemetría 'VitalSense'.

Se trata de una cápsula aislada por un plástico resistente a los jugos gástricos y que emite una señal con la temperatura corporal hasta un receptor externo. Basta con tragarla. Igual que tener un termómetro en la barriga. La otra opción era correr con una sonda rectal. Y no parece lo más cómodo.

Con el ordenador

Los Juegos Olímpicos son un buen campo de pruebas. El seleccionador español de hockey femenino, Pablo Usoz, tiene cada partido grabado. Bien archivado. Las imágenes son digitalizadas y procesadas por ordenador (programa NAC Sport). Todas las variantes son pautadas: salidas y entradas, ataques y jugadas defensivas.

Durante los partidos, Usoz tiene al lado un ordenador portátil con tarjeta de conexión inalámbrica. A través de la pantalla recibe de inmediato la información sobre el encuentro que también ve con los ojos. El tercer ojo. Las matemáticas también cuentan.

La revista 'Popular Science' recoge una serie de datos empleados ahora en el deporte. La dictadura de las estadísticas. Todo ha pasado por esa lupa. La Universidad de California del Sur estudió los partidos de fútbol de la liga holandesa. Y concluyó: a partir del minuto 16, es mejor hacer falta para evitar un gol. En la Universidad de Láncaster certificaron otra cuestión: los cambios de jugador son más efectivos antes del cuarto de hora final. Las estadísticas deletrean, muchas veces, evidencias. Como que Xavi fue el jugador clave de la Eurocopa: nadie corrió como él en la final (11,400 km.) y nadie lo hizo con más puntería (94% de acierto en el pase).

La investigación realizada en la Universidad Carlos III, de Madrid, por Anxo Sánchez y José Cuesta habla de algoritmos. De que para que 'A' llegue a 'B' tiene que pasar por 'C'. Ese 'C' era casi siempre Xavi. A Luis Aragones no le hace falta que se lo digan.

Pero la nueva generación de técnicos vive de esos números, del vídeo y el ordenador. Es el deporte cada vez más tecnológico. Ya no vale con sólo evitar meter el dedo en el ojo al rival.

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