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CAI ARAGÓN

La fiera vuelve a rugir

Robert Arrhenius, que sufrió la rotura del músculo pectoral, experimenta una recuperación milagrosa en el club naranja.

La fiera vuelve a rugir
La fiera vuelve a rugir
NIKOLA SOLIC/REUTERS

Es un roble. No se queja nunca. Arrhenius es un jugador sensacional. Además, no se lesiona nunca", susurraba Julián Ruiz, entonces entrenador del Bidasoa Irún. Era el Torneo de Egia, en San Sebastián. Hace un lustro del elogio. Arrhenius acababa de firmar por un CAI Aragón que se había armado hasta los dientes para afrontar la Copa EHF. Ruiz conocía a Arrhenius de los tiempos del Teka Cantabria. El tierno pipiolo escandinavo había balbuceado sus primeras palabras en la Asobal en Santander, entonces cátedra del balonmano tras el paso de genios como Talant Dujshebáev, Mats Olsson o Mikhail Jakimovic. Luego, confirmó su indiscutible categoría en el Nordhorn alemán, escalando hasta el nivel de pivote de referencia en la Bundesliga. Después, llegó a Zaragoza para deleite de la afición naranja.

En la capital aragonesa, Arrhenius ha reiterado todas las afirmaciones que Ruiz apuntó. Desde luego, es un roble. Por supuesto, no se queja nunca. A mi juicio, se trata de un jugador sensacional. ¿Y lesionarse? Pues sí, se lesionó, aunque en circunstancias que convendría explicar (luego lo explicaremos). Ruiz no se refirió a los periodos de recuperación, pues, hasta esa fecha, jamás se había fracturado la roca escandinava. Ahora podría decir, por ejemplo, que las recuperaciones que experimenta son milagrosas: Robert Arrhenius se rompió el músculo pectoral en junio pasado y ya está jugando, a pesar de que el pronóstico médico más favorable no señalaba un regreso anterior a febrero de 2011. Pero no, la fiera ha vuelto a rugir en pleno noviembre.

Durante más de una década, solo el nacimiento de sus hijos había propiciado su baja o su demora en una convocatoria en los clubes en que ha militado. Ni los tirones musculares, ni las contusiones, ni los resfriados causados por el cierzo, todo lo anestesió Robert, nada impidió que el gigante sueco saltara al ruedo. "En 10 años, solo había faltado a un partido durante toda mi carrera como jugador profesional. Y la ausencia no fue por estar lesionado, sino por el nacimiento de mi primer hijo, Theo. Entonces, estaba en el Nordhorn. Recuerdo que jugábamos ese día con el Magdeburgo y perdimos. Cuando nació mi segundo hijo, que fue niña, Mua Margareta Pilar, ya estaba en Zaragoza. Nació un 8 de octubre. Teníamos partido en Ciudad Real. No pude ir con el equipo en el autobús, pero llegué al encuentro a la hora justa porque viajé en el AVE", señaló Arrhenius.

El dato no tiene parangón en el deporte de elite. Nadie pudo derribar a Arrhenius hasta un 18 de noviembre de 2008 en que un rodillazo involuntario de Abraham Rochel, central del Torrevieja, lesionó a Arrhenius. El pivote sueco sufrió una rotura testicular que necesitó una intervención quirúrgica. Cabe subrayar que desde que recibió el golpe hasta que se retiró de la cancha al ser excluido por dos minutos, Arrhenius estuvo 17 minutos en la pista apretando los dientes y sin solicitar el cambio. Fue el doctor Paco Tolosa el que se percató de la gravedad de la dolencia al sentarse Arrhenius en el banquillo a causa de la exclusión. Nadie tolera más el dolor que Arrhenius. La narración de los hechos anteriores no admite debate.

Vuelta al ruedo

Si la lesión fue singular, el periodo de recuperación todavía fue más extraordinario. En la mitad del plazo previsto, Arrhenius estaba de vuelta a la cancha. La segunda lesión y el segundo periodo de rehabilitación también tienen miga. "La lesión que sufrí en junio pasado no fue en la pista. Me rompí el músculo pectoral haciendo pesas en una concentración con la selección sueca en Estocolmo. Me puse a levantar peso y situé la carga en 125 kilogramos. Igual me pasé un poco con el peso, aunque en anteriores levantamientos había probado hasta con cargas de 135 kilogramos. La lesión era grave, pero afortunadamente ya estoy jugando de nuevo", sonrió Arrhenius.

Mientras todos nos preguntamos por el nombre del guapo que será capaz de lesionar a Arrhenius en una pista de balonmano (patadas en la sensible zona referida con anterioridad al margen?), Robert lamenta los puntos que se han escapado mientras él veía al CAI Aragón por la tele con su mujer y los niños. "Es una pena porque hay un gran equipo y hemos perdido algún partido con alguna jugada extraña. Regresé la semana pasada en Logroño, donde ganamos un encuentro que para mí va a ser muy importante. Vencimos a domicilio a un rival directo. El sábado pasado le ganamos con mucha claridad al Antequera. Yo voy mejorando, pero el equipo está muy bien. Vamos a hacer una gran temporada. Estoy seguro de que estamos preparados para luchar con los mejores", concluyó ese lujo irrompible llamado Robert Arrhenius.

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