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Blog - Tinta de Hemeroteca

por Mariano García

REAL ZARAGOZA

La confianza la traen las derrotas rivales

El mal de otros está siendo el único clavo al que el Zaragoza se agarra para no terminar de hundirse en el pozo de la clasificación. Después de una victoria en 13 jornadas, solo dos puntos separan al equipo de la salvación.

Al Real Zaragoza, tanto a la plantilla de profesionales como a sus seguidores, la única confianza a la que pueden asirse en estos momentos es la que le generan los pobres resultados que, al igual que ellos, están firmando los equipos que van a ser sus rivales directos en la lucha por la permanencia.

Con el primer tercio de la competición ya superado, el conjunto zaragocista es el colista de Primera División con tan sólo una victoria en trece jornadas y ocho puntos acumulados que le dejan en una situación muy delicada para sus aspiraciones de lograr la permanencia.

Para los maños esta situación, aunque no es nueva con respecto a los sufrimientos que padecieron la anterior temporada para salvar la categoría, sí que resulta bastante más compleja que la vivieron hace un año a estas alturas de la competición.

El equipo que ahora dirige el mexicano Javier Aguirre sumaba la temporada anterior en la misma jornada cinco puntos más que en la actual y cerró la primera vuelta con catorce puntos, que le obligaron a reestructurar ampliamente su plantilla en el mercado de invierno con la incorporación de siete nuevos jugadores.

Para salvarse los zaragocistas tuvieron que firmar unos números, 28 puntos en la segunda vuelta, más propios de equipos con aspiraciones europeas que de estar metido en la pelea por eludir el descenso.

Tras sustituir en el banquillo a José Aurelio Gay, 'El Vasco' ha dirigido al Real Zaragoza dos partidos y conforme han ido pasando los días su discurso ha pasado de desbordar optimismo a ver la realidad un poco más cerca y empezar a dejar entrever que con la actual plantilla difícilmente se van a alcanzar los objetivos deseados.

Lo peor para los blanquillos es que la afición está empezando a darle la espalda y el sábado, tras encajar el tercer tanto ante el Villarreal, empezó el desfile para abandonar el estadio de La Romareda y al final el castigo fue el peor posible, la indiferencia.

En esta ocasión, las pañoladas o los gritos de dimisión hacia el palco apenas se dejaron traslucir. Todos parecen tener asumido que con lo que tiene su equipo difícilmente van a poder encauzar la situación. El milagro, como así se definió por muchos lo acontecido la temporada pasada, parece poco probable que vuelva a repetirse.

Más que por calidad, los zaragocistas se están manteniendo a duras penas a base de entrega y casta y eso es lo único que les ha permitido salvar muchos de los puntos que ahora tienen. En el triunfo ante el Mallorca, el único que luce su casillero en la actualidad, le dieron la vuelta al marcador con el tiempo ya finiquitado porque no se llegó ni a sacar de centro, y en su empate ante el Sporting de Gijón remontaron épicamente un 0-2 adverso.

A pesar de todo ya hay algunos jugadores que en determinados momentos, bien por sus acciones o por sus omisiones, han dado la sensación de querer borrarse de los compromisos más delicados o no estar a la altura de las exigencias de esta competición.

Otra rémora con la que están teniendo que lidiar es la de las expulsiones que le han llevado a acabar en inferioridad seis de los trece partidos disputados.

La fortuna para el Real Zaragoza es que si su rendimiento se antoja pobre, el de los equipos que le preceden en la clasificación, Levante (11 puntos) y Sporting (10) en puestos de salvación y Málaga (10) y Almería (9) en descenso, no está siendo mayor. Estar a un sólo partido de los puestos de permanencia supone todo un alivio.

El punto de inflexión, positivo o negativo, lo afrontarán los zaragocistas el próximo domingo 5 de diciembre en su visita al Estadio Juegos del Mediterráneo de Almería, en el que se enfrentarán el penúltimo y el colista, ambos con idénticas necesidades: sumar los tres puntos de la manera que sea.

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