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REAL ZARAGOZA

La agitación permanente

En la actual gestión del Real Zaragoza es imposible encontrar un hilo conductor. Predomina un estado de agitación.

Después de cuatro proyectos deportivos, seis entrenadores, más de un centenar de operaciones de compra-venta y cesiones de jugadores y de haber acumulado más de un centenar de millones de euros de deuda, aún no es posible definir los perfiles de cuál sea la idea que tenga Agapito Iglesias acerca de cómo llevar el Real Zaragoza.

El accionista mayoritario ha agitado al club en todas las direcciones posibles en un plano deportivo. Lo ha sacudido para un lado y el contrario. Ha ido de Víctor Fernández, un entrenador consagrado y de prestigio en el fútbol nacional, a José Aurelio Gay, un debutante en los banquillos, pasando en este periplo por técnicos tan dispares como Irureta, Garitano, Villanova o Marcelino García Toral. Encontrar algún denominador común entre todos ellos resulta un ejercicio complicado. Seguramente es imposible. Con José Aurelio Gay en el alero, sin que nadie le confirme su continuidad al frente del proyecto venidero, surgen ya nuevos candidatos para ocupar el banquillo zaragocista: Víctor Muñoz y Valverde.

Sin prejuzgar nada sobre ellos, o de Juande Ramos, tampoco en sus respectivas personalidades se atisba algún hilo de continuidad con aquello que les ha precedido. De este modo, deviene imposible configurar una filosofía deportiva de fondo para el club. Es inviable que así se pueda construir una personalidad en el equipo que trascienda a los nombres de cada momento y que en todo caso sea coherente con el gusto de La Romareda. En el Real Zaragoza de la 'era Agapito' se vive de impulsos, de reacciones, de decisiones sorprendentes y a veces de apariencia poco fundada. Sólo hay algunos elementos que no cambian: los que perpetúan este mareo de nombres de entrenadores y de nombres de jugadores. Si Agapito Iglesias, como accionista mayoritario y responsable último de lo que acontece en la sociedad anónima deportiva, no incide en esta cuestión, nada nuevo cabe esperar a este respecto. Menos sentido tienen las ilusiones de algo distinto si, además, Agapito se hace partícipe de esta política.

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