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REAL ZARAGOZA

Jacobo, el otro Roberto

"He dicho a mi representante que intente cerrar mi fichaje por el Real Zaragoza", afirma el portero del Valladolid. El área deportiva ve en el castellano las cualidades del anterior arquero: alto, joven y revalorizable.

Jacobo, en un entrenamiento en Valladolid.
Jacobo, el otro Roberto
A. QUINTERO/EL NORTE DE CASTILLA

"Le he dicho a mi representante que, si hay posibilidades de llevar a cabo mi fichaje por el Zaragoza, adelante. Que haga todo lo posible porque me seduce la idea". Jacobo Sanz, portero del Real Valladolid, reconocía anoche a HERALDO su buena disposición ante la posibilidad de que, en fechas próximas, pueda entablarse una negociación firme entre ambos clubes por su traspaso, circunstancia que hoy todavía no se ha dado.

Jacobo siempre fue del gusto de Pedro Herrera. Tanto cuando jugaba en el Numancia en Segunda hace tres temporadas (su mejor año), como cuando debutó en Primera con el Getafe en la campaña 2008-09. Por eso, Gonzalo Arguiñano, representante del guardameta, ya ha sido reclamado por el área deportiva zaragocista para tantear las opciones reales que pueden existir para acometer su fichaje próximamente. Gonzalo ya ha mantenido una primera reunión con Antonio Prieto y el secretario técnico blanquillo para establecer una estrategia a seguir con el presidente del Valladolid, Carlos Suárez.

"De los ofrecimientos y conversaciones que manejo, lo que más me apetece es ir al Zaragoza. La más jugosa es la del Olympiacos griego, pero acabo de ser padre y no me gustaría mucho irme al extranjero. Zaragoza sería una buena salida si al final el Valladolid decide mi venta", apuntó el portero pucelano.

"En Valladolid las cosas están muy paradas después de la decepción del descenso. No hay entrenador, no hay director deportivo, está todo quieto. A mí me queda un año de contrato y no sé qué va a decidir el club sobre mí. Lo que tengo claro es que, a estas alturas, ya no voy a renovar. Tuve intención de hacerlo hasta diciembre, pero el club no movió ficha. Y ahora ya no me interesa, obviamente. Si me tengo que quedar a cumplir el año que me queda, lo haré sin problemas. Y si el Valladolid prefiere que me vaya traspasado, tampoco habrá incovenientes", comentó el portero castellano dibujando su indefinido presente.

Jacobo descansa en Madrid, de donde es natural su pareja y donde acaba de nacer su hija. No tiene prisa, pero ya empieza a sentir cierta necesidad por definir su porvenir. "A nadie debe extrañar que, después de haber conseguido debutar en Primera y de llevar dos temporadas en la elite, no me seduzca nada jugar otra vez en Segunda. Estoy a la espera de que mi representante hable con el presidente del Valladolid para saber a qué atenerme. En eso se ha quedado tras la conversación con el Zaragoza", dijo con sinceridad anoche el guardameta vallisoletano.

Prieto y Herrera aprecian en Jacobo Sanz las mismas condiciones como portero que aportó Roberto Jiménez en la recta final del pasado curso. Alto (mide 1,93, apenas dos centímetros menos que el madrileño), joven (26 años, dos más que su antecesor), bueno bajo palos, potente en el juego aéreo, ágil con los pies. Y, sobre todo, revalorizable de cara al futuro, cuestión vital para sustentar el plan de viabilidad que le han diseñado a Agapito Iglesias hasta 2016 y que requiere sacar cada año un beneficio mínimo de 8 millones de euros en concepto de ventas.

El único y gran inconveniente que ofrece su contratación es la necesidad imperiosa de pagar un traspaso, ya que su contrato con el Valladolid acaba el 30 de junio del año que viene. En este caso, el Zaragoza cuenta con la complicidad del jugador. Solo falta ganarse la del club propietario de su pase. Y esa tarea aún no se ha iniciado.

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