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EL REAL ZARAGOZA, AL INFIERNO

Incidentes a la llegada del equipo

Varios aficionados arremetieron contra los futbolistas en los aeropuertos de Zaragoza y Mallorca.

Es fácil que lo que hoy son lágrimas y mañana crítica, pasado sean adhesiones al proyecto de Segunda División. Porque lo más fiable que tiene el Real Zaragoza, su patrimonio más valioso, es la afición. Y a pesar de su enojo, de la rabia y la impotencia, seguro que no dimitirá.

La última procesión a Palma de Mallorca, aunque baldía, ha demostrado la categoría del zaragocismo, unido en el trance hasta el desenlace final. Para cientos de ellos fueron horas de carretera y mar, salpicadas de un diluvio universal que presagiaba el fracaso.

No es de extrañar que los jugadores (algunos posiblemente forzados) se acercaran al final del partido a aplaudir a los seguidores en señal de agradecimiento. La respuesta no podía ser recíproca, como debían suponer.

La palabra más oída entre la hinchada fue la de "vergüenza" y los destinatarios principales de ese sentimiento de desprecio fueron los futbolistas, un plantel confundido en sus objetivos desde la prepotencia y la ignorancia de sus rectores, pero que no ha sabido reaccionar a tiempo.

Es comprensible que esa quemazón hiciera explotar ayer a unos cuantos seguidores, sin que eso sirva para justificar cualquier acto vandálico, carente de civismo y de respeto.

Ya en el aeurpuerto de Palma, grupos de aficionados arremetieron duramente contra los jugadores, con gritos, insultos e incluso lanzamiento de objetos (móviles, monedas y botellas).

Diego Milito se encaró con algún aficionado ante el asedio que estaban recibiendo. Ya de regreso a Zaragoza, entre 150 y 200 hinchas zaragocistas, en su mayoría jóvenes, estaban esperando a los futbolistas.

El autocar del club debió meterse en la pista del aeropuerto para evitar el posible contacto personal, mientras una fuerte dotación policial trató de proteger la salida del vehículo. "Jugadores mercenarios", "menos millones y más co..." fueron los gritos más escuchados. La policía hubo de intervenir cuando los aficionados pararon el autocar por un minuto, cargaron contra ellos y al menos hubo dos detenidos.

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