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REAL ZARAGOZA

¿Hacia dónde va el club?

La gestión de Agapito Iglesias ha llevado al Real Zaragoza a una situación comprometidísima, de la que no puede ser ajeno el Gobierno de Aragón, impulsor de la llegada del constructor al conjunto de La Romareda.

¿Hacia dónde va el Zaragoza? Una vez cerrada la temporada y lograda la salvación, es natural volver la cara al futuro de una entidad en situación delicada, comprometida, con múltiples frentes abiertos y gravísimos problemas económicos. Es el propio futuro del Real Zaragoza, más allá, incluso de un modelo deportivo, la cuestión principal que tiene Agapito Iglesias encima de la mesa.

Un acercamiento al Real Zaragoza produce vértigo, hace tiritar. El propietario, Agapito Iglesias, reconoce una deuda de cien millones de euros. Al club se le han cerrado las vías de crédito e, inmersos en una gravísima crisis económica y política, el recurso a las instituciones resulta más que comprometido.

Después de la desbandada de su Consejo de Administración, incluido su propio presidente, Eduardo Bandrés, el responsable máximo se encuentra solo. No es que Agapito hiciera uso del consejo de sus asesores -ellos mismos reconocen que no les consultaba en su toma de decisiones-, pero, por lo menos, daba la sensación de que allí había alguien. Ahora, sus asesores directos son dos empleados: el zaragocista de recorrido largo Paco Checa y el rojillo de trayectoria mucho más corta Javier Porquera.

A ellos no se le puede sumar con sentido común el director general, Gerhard Poschner, que mantiene un discurso claramente distinto del de la línea oficial. Y le quedan el sempiterno Pedro Herrera y el director deportivo Antonio Prieto, cuyo peso en el club oscila en función de criterios extraños o de estados de ánimo del presidente.

No hay nada más. Después de cuatro años de una gestión sin sentido y sin criterios, el Zaragoza es un agujero negro que viaja a la deriva en el universo futbolístico. El momento que atraviesa la entidad da miedo y su futuro es un panorama de negros nubarrones.

Cada año que pasa, además, la situación se complica, mientras Agapito Iglesias se refugia en los juegos malabares para intentar tapar los focos que van quemando las estancias del club. Sin visos de apagar el incendio.

Es verdad que hoy Agapito es el propietario del Real Zaragoza. De la Sociedad Anónima Deportiva. Pero el empresario soriano no puede apropiarse de lo que es el club, de los sentimientos que genera, de las pasiones que impulsa, de su historia y su trayectoria. El Zaragoza no puede quedar en manos de Agapito Iglesias. Y menos aún cuando fue el Gobierno de Aragón el que empujó al constructor a controlar la entidad, en busca de un rendimiento político y económico que el socialismo aragonés no ha logrado; no al menos en las condiciones que esperaba.

Agapito Iglesias carga con su responsabilidad -es natural-, pero no se le puede pedir que cargue con la que corresponde a otros, las que atañen al entorno directo de Marcelino Iglesias.

El Gobierno de Aragón no puede ser ajeno -porque no lo es- a la situación por la que atraviesa el Real Zaragoza. Y a sus dirigentes hay que pedirles que cumplan con las exigencias derivadas de su intervención directa en la compra y en la gestión del Real Zaragoza a través de Agapito Iglesias.

Es verdad que políticos como Carlos Esco han dejado el Ejecutivo aragonés. Tampoco aparecen en la primera línea hombres como Pascual Antillach, a la vera del presidente Marcelino Iglesias. Pero su papel, con el respaldo del Ejecutivo ha sido decisivo en el proceso que ha desembocado en la situación por la que atraviesa el Real Zaragoza.

Al margen de otras cuestiones, de repercusiones políticas que la oposición se muestra incapaz de manejar, existe una responsabilidad moral del Gobierno de Aragón con el Real Zaragoza, con Agapito Iglesias, pero también con el zaragocismo y con cualquiera que ame al conjunto aragonés. La soledad del presidente del cuadro de La Romareda ha sido inducida desde el Pignatelli.

La rumorología envuelve el futuro de la entidad zaragocista. No es para menos cuando el Real Zaragoza está acogotado y con más de un centenar de millones de euros de déficit. Esa circunstancia fue promovida por quienes eligieron a Agapito Iglesias para ponerle al frente del proyecto; quienes le aseguraron que contaría con su apoyo; quienes le asesoraron en la gestión; y después le abandonaron en pleno atolladero.

De ellos es también la responsabilidad de la situación por la que atraviesa el Real Zaragoza. Y su futuro.

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