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La metamorfosis de la SD Huesca acerca la deseada fiabilidad en las dos áreas

Desde la llegada de Pacheta, los azulgranas han sumado cuatro puntos de nueve posibles y asentado una idea de juego que permite este crecimiento.

Los jugadores de la SD Huesca hacen piña durante el partido de Valladolid.
Los jugadores de la SD Huesca hacen piña durante el partido de Valladolid.
Agencia LOF

El crecimiento de la SD Huesca con Pacheta a los mandos presenta datos objetivos. La progresión desde la llegada del técnico burgalés muestra una tendencia al alza: derrota en Getafe (1-0), empate con el Villarreal (0-0) y victoria en Valladolid (1-3). El partido del viernes en Pucela amalgama la versión más depurada de lo que quiere para el equipo azulgrana, tras solo dos semanas de trabajo y con numerosas bajas. La fiabilidad en las dos áreas, tan buscada durante toda la temporada, se abre paso en un tramo determinante para el futuro.

La impronta de Pacheta va más allá de los resultados. En tan poco tiempo está consiguiendo que los futbolistas hablen un lenguaje muy distinto al que frecuentaron con Míchel Sánchez durante una temporada y media. En este lapso se ha asentado el sistema con tres centrales y dos carrileros que están sabiendo interpretar Pulido, Siovas y un Gastón Silva que se ha beneficiado del cambio para contar con los minutos de que no había dispuesto hasta la fecha. A la espera de que Pablo Insua supere la covid-19, parece que el sistema ha llegado para quedarse.

Los carrileros, Pablo Maffeo y Javi Galán, desempeñan la doble labor defensiva y ofensiva y el viernes completaron su actuación más satisfactoria a las órdenes del burgalés. El primero dio dos asistencias de gol a Rafa Mir y centró en total seis balones al área, mientras que el extremeño hizo esto en seis ocasiones. Su concurso es fundamental para defender con cinco y generar superioridad en el centro del campo además de surtir de balones a los puntas para que se dé una mejora colectiva en el remate.

A partir de ahí, el entrenador azulgrana ha trabajado con dos o tres centrocampistas; se cantó en el José Zorrilla por esta última opción y dio entrada a Mikel Rico para reforzar la labor de Doumbia, ubicado por delante de la zaga, y Jaime Seoane a menudo como volante abierto. Pacheta elogió la labor de los tres y su sacrificio en pos del equipo. Velocidad, solvencia y fiabilidad deben acompañar a este trivote, con mención especial para el costamarfileño. Es otro de los nombres que han emergido en esta etapa y su seguridad en el pase y la manera de ofrecer apoyos al resto le señalan como alternativa fiable al lesionado Pedro Mosquera.

En ataque, Rafa Mir invirtió la inercia de jornadas sin marcar. Dani Escriche, titular ante Getafe y Villarreal, aguardó esta vez su oportunidad desde el banquillo. También jugadores que han perdido pie, como Ferreiro o Borja García, han de encontrar su sitio en este nuevo contexto en el que parece que el once tipo de Pacheta puede presentar pocas variantes de aquí en adelante y a la espera de la recuperación de las bajas.

El técnico ha tenido que lidiar con las ausencias, un problema que irá perdiendo intensidad a partir de la próxima cita ante el Real Madrid. A Valladolid acudieron solo 18 futbolistas por lesiones, covid-19 o, en el caso de Eugeni, decisión técnica.

Sobre todo, con el ánimo alicaído de un cambio de cuerpo técnico y de unas circunstancias deportivas que Pacheta sabe gestionar por el momento hasta levantar el ánimo de una SD Huesca que cree en la permanencia. En Valladolid remató cinco veces entre palos para marcar tres tantos y concedió cuatro a los locales. Antes, dos al Villarreal y tres al Getafe. Necesitaba crecer en ataque tras afianzarse en defensa y ha sumado cuatro puntos de nueve posibles, un tercio de los de Míchel en 18 jornadas.

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