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El dragón es Okazaki

El espectacular tanto del japonés ha desnivelado la cita ante el Girona, la plantilla más potente de la categoría, la tarde de la presentación de la nueva mascota, Dragonés.

Okazaki se abraza con Sergio Gómez tras marcar el gol al Girona.
Okazaki se abraza con Sergio Gómez tras marcar el gol al Girona.
Rafael Gobantes

Dos dragones han sido los protagonistas antes y durante el partido de la Sociedad Deportiva Huesca ante el rival a batir de la Segunda División. La nueva mascota, Dragonés, ha animado los prolegómenos de una victoria armada por el juego colectivo de los azulgranas y rematada por el delantero japonés Shinji Okazaki. Por fin se ha estrenado el nipón. Y en un día propicio para doblegar a un Girona que es una constelación de estrellas, un ‘All-Star’ de la categoría de plata y no termina de arrancar. De hecho, los azulgranas le sacan ya una renta de cinco puntos Y cuatro al otro recién descendido, el Rayo Vallecano.

El Huesca lo da todo, la entrega del bloque es innegable y está aprendiendo a ganar sufriendo. Ha ganado con pulcritud en las primeras jornadas y padeció bajo el yugo de Almería, Numancia y Albacete. Ahora conjuga las dos virtudes; las lució en Almendralejo y le sirvieron este sábado para abrochar tres puntos que son también una reivindicación. Por si había alguna duda respecto al estatus del Huesca esta campaña, se están despejando a marchas forzadas. Los oscenses se acercan cada vez más a la idea que anida en la cabeza del entrenador Míchel Sánchez y saca rédito de los goles. Siete para lograr 15 puntos.

Por fin, un ariete. Tenía que ser Okazaki. El dragón sobrevoló por primera vez El Alcoraz para estrenar de manera acrobática la cuenta particular y también la de los delanteros de la plantilla. Porque el nipón ha llegado al club aragonés para marcar diferencias y ayer lo hizo. Ha ejercido de brazo ejecutor de la notable primera parte y marcado la diferencia tangible entre Huesca y Girona. Los de casa han sido superiores, sí, pero Okazaki fue el único que acertó y, además, en un golazo lleno de estética y significado. 672 minutos costó que llegase el primer gol de un punta si se extrae de este grupo a Dani Raba.

El encuentro lo ha decidido Okazaki y gestionado otra completa actuación grupal del Huesca. Del primero al último, de Álvaro a Seoane, se está convirtiendo en una precisa máquina en la que despuntan nombres puntuales pero que no se entiende de una manera individual. Es una piña y una foto en la que nadie sale movido. Este sábado les ha tocado a Ferreiro o a Sergio Gómez, como a Juan Carlos en Almendralejo o a Raba con el Sporting. A Okazaki. El que siempre está es Pedro Mosquera. Y nunca se esconde Mikel Rico. Son dos purasangres. La erosión física de los centrocampistas, inevitable en un contexto en el que su importancia es tan elemental, se solventa con los cambios. Es la piedra filosofal de este Huesca: encontrar la manera de que el rival no crezca en los últimos minutos a costa del cansancio azulgrana.

El Girona representaba una amenaza que han encarnado dos ilustres conocidos, Gallar y Samu Saiz. El catalán, héroe del ascenso a Primera y autor del gol del triunfo en Las Palmas; el madrileño, la pata sobre la que giró la clasificación para el ‘play off’ de hace tres temporadas. Discreto el primero y correoso el segundo, no han bastado para elevar a un rival que ha perdido todas sus citas a domicilio. Crecerá, pero empieza a verse en la lejanía.

Cada vez son más frecuentes los 1-0 y menos los 0-1 en contra. El Huesca juega bien, administra y sabe padecer. Casi nada para la Segunda División. Ya es tercero, con permiso de las cuentas pendientes de Real Zaragoza y Fuenlabrada y a la espera de lo que depare el Almería-Cádiz de este domingo. Campan dragones sobre El Alcoraz. Dragonés y Okazaki ya hacen las delicias de todos.

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