SD Huesca

Catorce minutos de éxtasis altoaragonés

El gol de Cucho Hernández nada más arrancar el duelo dio paso a una fase de ensoñación que Messi cortó con rapidez. Los aficionados del Huesca vivieron un día histórico.

Varios jugadores del Huesca abrazan a Cucho Hernández tras el gol del joven delantero colombiano que supuso el 0-1.
Marta Pérez/Efe

La sangre brotaba en abundancia por las heridas que el Fútbol Club Barcelona acababa de abrir en la tarde de este domingo. El Huesca había pagado su osadía con un correctivo en la primera visita liga al Camp Nou. Ocho goles. Ocho puñaladas. Ocho machetazos que, sin embargo, no causaron graves destrozos. Las heridas cicatrizarán muy pronto, "no nos pueden golpear", destacó el delantero Juan Camilo ‘Cucho’ Hernández tras el choque. "Es otra liga. Si esto nos hace daños sería de tontos", esgrimió Álex Gallar. Los dos jugadores que agitaron la primera mitad con sus tantos coincidían en el mensaje: claro que fastidia perder, hasta en las partidas de cartas con la familia, pero el Huesca cayó con el honor de haber gozado de su momento. Y fue un momentazo. Breve. Fugaz. E inolvidable. Catorce minutos de ensoñación. Éxtasis oscense. "¿Y si la liamos en Barcelona?", revoloteaba entre los ‘cruzados’ de San Jorge con el 0-1 de Cucho Hernández. Va a ser que no, dijo Leo Messi, ese futbolista de ‘Play Station’ que luce su genialidad un encuentro tras otro por los rectángulos de juego y que se encargó de empatar pronto para templar los ánimos del descarado debutante.

"Habernos puesto por delante y acabar 3-2 en la primera parte, eso nos lo llevamos para casa", certificó Álex Gallar, un futbolista barcelonés que ha caído de pie en su estreno en Primera y que daba así la clave en positivo para la Sociedad Deportiva Huesca. Cuando Cucho llevó a la red el cabezazo de Longo, después de una bonita y larga acción combinativa, todo aquel a quien le emociona la llegada de los oscenses a la máxima categoría sintió una intensa sensación de orgullo. Luego pasó lo que pasó. Porque se sabía que podía pasar. Pero el 0-1 que dibujó el marcador del Camp Nou entre el minuto 2 y el 16 es ya otro instante para el recuerdo dentro de la imparable trayectoria que refleja el Huesca en el último lustro.

La ejecución perfecta de un plan triunfal en la guarida barcelonista exige un susto al contrario. Que cundan los nervios. Que el cronómetro apriete las tuercas al aluvión de estrellas en el firmamento culé. Para ello, lo ideal es aguantar el resultado y soltar el golpe con el choque en velocidad de crucero, no cuando está en pañales. Fácil decirlo. Complicadísimo el desarrollarlo.

El Huesca sí que azotó. De hecho lo hizo con mucha celeridad. Tanta que despertó a la bestia, que había saltado al césped con cierta pereza. "Nos dio una inyección para reaccionar", relató el uruguayo Luis Suárez a la conclusión.

Con Messi de director de operaciones –lo de siempre con el genio de Rosario–, el Barcelona le dio la vuelta al resultado en un santiamén. 3-1 y lo de la sorpresa que se difuminaba. ¿Si? Pues no. Este Huesca se guardaba un segundo as en la manga. Lo escondía Gallar, que lo mostraba con el 3-2 para alcanzar el tiempo de receso con los ojos relucientes, brillantes ante la posibilidad de dar una campanada mundial.

Semejante valentía y arrojo acumulaba el bando aragonés en esas charlas durante el intermedio, con el técnico Leo Franco a la cabeza, que el Huesca entró a la segunda parte sin ataduras. Rápidamente el Barça aprovechó los espacios y noqueó a su rival. "Pero esas experiencias, adelantarnos y la primera parte, pocos equipos las pueden disfrutar en el Camp Nou", puntualizó Gallar.

Los que desde luego lo disfrutaron fueron los seguidores del Huesca. Los cientos que se personaron en el coliseo catalán y los miles que empujaban al otro lado del televisor o los que devoraban las uñas mientras escuchaban en las radios cantar el gol de Cucho Hernández ­–primero que le marcan al Barcelona este curso liguero, por cierto­–.

La jornada iba a ser histórica pasara lo que pasara. En efecto resultó así, aunque el Huesca terminara fusilado y casi pidiendo clemencia ante el rodillo barcelonista. Pero si acabó rendido fue precisamente por haberse lanzado con todo a por ese resquicio de gloria que oteaba el vestuario azulgrana durante el descanso.

"Es un sueño todo lo vivido. Para mí cada detalle ha sido muy especial", resumía Cucho Hernández apenas unos minutos más tarde de haberse cambiado la camiseta con Coutinho. Quería la de Messi, "pero no está nada mal, ¿eh?. Es que la de Messi la quería todo el Huesca". Habrá más oportunidades. En El Alcoraz seguro. Y en el Camp Nou. La historia altoaragonesa en Primera pretende completar muchos capítulos.

Etiquetas
Comentarios