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El éxodo de la puerta de atrás

Antonio Tomás es el último en bajarse del zozobrante barco zaragocista. Una escotilla que abrió Ponzio y por la que también salió Fernando Meira.

Antonio Tomás llega libre.
Antonio Tomás, cerca del Zaragoza
EFE

Antonio Tomás abandona el Real Zaragoza. La noticia, sorprendente por el cuándo, a falta de 15 jornadas para el término de la temporada, no impacta por el qué. El centrocampista se marcha tras haber disputado cuatro partidos con la elástica blanquilla, tres de Liga y uno de Copa. O, lo que es lo mismo, aproximadamente unos 234 minutos oficiales de juego. Una parte ridículamente pequeña, insignificante, respecto a los 80 años de historia que va a cumplir la entidad, primero club y ahora sociedad anónima deportiva.

El caso del cántabro es anormalmente raro. Fichado fuera de plazo en verano, procedente del mercado de futbolistas sin contrato, se marcha también fuera de plazo, esta vez en febrero, una vez cerrado el mercado invernal. 'Vine, vi y me fui' podría ser su epitafio. Su posible destino, curioso también; el CSKA de Sofía. Un conjunto aparentemente lejano pero que parece haber puesto sus miras en la casa aragonesa. Allí fue también Diogo, en una incursión más breve que la de Tomás en la capital zaragozana, 15 días duró el uruguayo en el fútbol búlgaro.

Fuga de centrocampistas

A pesar del discurso oficial que dice que nada está perdido, el Real Zaragoza presenta todos los síntomas de equipo en descomposición. Situados a 11 puntos de la permanencia, los colistas ven como, con el de Torrelavega, ya son tres los integrantes de la primera plantilla que no han esperado al término del año futbolístico para poner pies en polvorosa.

Sin duda, el caso más traumático y significativo de todos fue el protagonizado por Leo Ponzio. El argentino, capitán y con siete años de trayectoria en el cuadro blanquillo, prefirió marcharse por la puerta de atrás a finalizar la temporada liderando un barco condenado al siniestro. Lágrimas a su despedida y una hoja de servicios intachable sobre el verde que, sin embargo, contará con el pequeño borrón producido por la forma de su marcha.

Fernando Meira, por su parte, optó por una marcha sigilosa. Disfrazada, en principio, como viaje a Portugal para tratarse con un fisioterapeuta, el centrocampista finalmente decidió rescindir el vínculo contractual que le unía a la entidad zaragozana y que se hubiera extendido hasta 2013. Un gesto que fue altamente loado desde el club, que le dedicó un agradecimiento público por su comportamiento.

Otros breves ilustres

El de Antonio Tomás no es el único paso fugaz por el Real Zaragoza en la era Agapito Iglesias. En la vorágine de operaciones mercantiles en la que se ha transformado el club bajo el mandato del soriano, varios son los que llegaron para marcharse. El primero, Gustavo Nery. El brasileño aterrizó en enero de 2007, disputando en total cuatro encuentros, todos ellos como suplente. Más corta fue, incluso, la aportación realizada por Fabio Coentrao. El portugués, que protagonizó el pasado verano un traspaso multimillonario del Benfica al Real Madrid, chocó frontalmente con Marcelino García Toral y redujo su primera experiencia española a un único encuentro.

Otros, incluso, ni llegaron a debutar. Es el caso de Pablo De Barros, futbolista que todavía esta temporada pertenece al cuadro aragonés. El brasileño, que nunca tuvo sitio debido a su condición de extracomunitario, llegó a jugar con el filial y ha sido cedido a Málaga, Nástic, Cruceiro y Figueirense, donde milita en la actualidad. Minúscula historia zaragocista que se ve, de algún modo, incrementada de esta manera.

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