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Real Zaragoza
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¿Otro partido sobre nieve?

Las previsiones anuncian nevadas en Pamplona para el domingo. En el año 83, el Real Zaragoza ya ganó en El Sadar con la nieve como protagonista.

La crónica del Osasuna-Real Zaragoza de la temporada 1982/83
¿Otro partido sobre nieve?
Heraldo

La Agencia Estatal de Meteorología anuncia mucho frío y alta probabilidad de nevadas para el domingo por la mañana en Pamplona. No es el mejor tiempo para los aficionados que se desplacen de Zaragoza ni para los jugadores, que deberán jugar en un campo complicado y con unas condiciones que podrían hacer más difícil todavía el encuentro. Sin embargo, no sería la primera vez que el Real Zaragoza jugara en El Sadar bajo una gran nevada.

En el año 1983, los blanquillos ganaron un partido en tierras navarras en el que la nieve fue la gran protagonista. “El Sadar, Pamplona. Casi lleno. Nevado. En las bandas grandes taludes de nieve. Frío horroroso. En ocasiones el termómetro sobrepasó los tres grados bajo cero. Hubo que trazar en el campo unas líneas rojas que con la nieve pronto se convirtieron en rosa pálido y que casi no se vieron. En ocasiones nevó durante el encuentro. Al pararse la nieve, al final del partido, el campo estuvo algo mejor”, rezaba la crónica del partido.

El Real Zaragoza, pese a la nieve, acabó ganando al Osasuna con goles de Valdano, de cabeza, y Juan Señor, de falta. El internacional español falló un penalti que podía haber dejado sentenciado el partido, pero aún así el conjunto blanquillo se llevó la victoria. Con la victoria, el Real Zaragoza se colocaba cuarto en la clasificación, tan solo por detrás del Barcelona, el Real Madrid y el Athletic, y empatado con el Atlético de Madrid.

El titular de la crónica (“El Zaragoza, con siete positivos”) hace referencia a las antiguas puntuaciones, cuando solo se otorgaban dos puntos por la victoria. En aquella época, los equipos que empataban o perdían en casa recibían negativos (-1 y -2, respectivamente) y los que empataban (+1) o ganaban fuera (+2) recibían positivos.

Los positivos y negativos no tenían ningún valor porque al final de la temporada coincidían en equivalencia con los puntos logrados, dado que todos los equipos jugaban tantos partidos fuera como en casa. Es decir, que el equipo que acababa la liga con +10 tenía 20 puntos más que el que acababa con -10. Pero, durante la campaña, revelaban el verdadero estado de un equipo, ya que se daba por hecho que lo normal era ganar en casa y perder fuera.

De esta forma, si dos equipos tenían los mismos puntos, el que tenía más positivos llevaba una mejor proyección que su rival, que que había jugado menos partidos en casa o había ganado más fuera. Por ejemplo, no era igual haber jugado dos partidos consecutivos fuera de casa y haberlos perdido (cero puntos, sin negativos ni positivos), que haber perdido los dos en casa, lo que se traduciría en los mismos puntos, cero, pero con cuatro negativos. Esta curiosa fórmula se perdió en la temporada 1995/96, cuando se instauró el actual sistema de tres puntos por victoria.

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