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Tres puntos con intereses

El triunfo ante Osasuna en La Romareda permite afrontar con tranquilidad las próximas citas, garantiza el rearme moral del equipo y fortalece a la escuadra en su propio estadio

El triunfo logrado el sábado en La Romareda ante Osasuna (3-1) alivia el despegue del equipo de Manolo Jiménez en la competición regular. Es verdad que apenas se han dado los primeros pasos en el Campeonato; sin embargo, el duelo ante el conjunto navarro, un partido frente a un rival directo en la pelea por la permanencia, se había adornado de necesidades.

La victoria da un respiro a la formación blanquilla y transmite tranquilidad a un equipo que está aún en fase de construcción, pero que empieza a mostrarse como una escuadra definida. Ya dio muestras de ello en Anoeta, ante la Real Sociedad, hasta que los goles de Iñigo Martínez y el penalti de Carlos Vela sellaron el triunfo guipuzcoano.

Ante Osasuna, la formación blanquilla describió perfiles en torno a esa columna que se forma desde Roberto y Álvaro hasta Postiga, pasando por Romaric –al que todavía hay que pedirle mucho más- y Apoño. A los que se adhieren jugadores como José Mari o la frescura de Víctor Rodríguez.

Le queda trabajo a Manolo Jiménez, pero lo desarrollará con la tranquilidad que le ofrecen los tres puntos. Que apuntalan también otras cuestiones de entidad que afectan al cuadro zaragocista.

1. Rehabilitación deportiva. Es verdad que aún queda mucha Liga por delante, pero la experiencia vivida en los últimos años obligaba a una reacción del equipo. Sumar de nuevo, tras el triunfo en Cornellá ante el Espanyol, se antojaba una cuestión si no fundamental, sí, al menos, clave para afrontar con serenidad los compromisos inmediatos. La victoria ofrece una nueva dimensión deportiva al conjunto de Manolo Jiménez.

2. Recuperación anímica. Va de la mano del salto deportivo. El Real Zaragoza no ha logrado apartarse de esa imagen de equipo enclenque y a veces desalmado, aterido después de un gol del rival, incapaz de afrontar el duelo cuando las cosas se vuelven a contrapelo.

Los tres puntos cosechados el sábado sirven para enmendar el alma del cuadro blanquillo que, además, fue capaz de recuperarse después del mazazo del gol de Armenteros, cedido por la propia zaga zaragocista. Las connotaciones inherentes al partido suponen, además, un nuevos estímulo; se encuentra el Real Zaragoza en una nueva disposición de ánimo.

3. Demarcación territorial. El Zaragoza precisaba marcar su territorio. Tras las derrotas encadenadas ante el Valladolid en su estreno en esta Liga y el Málaga de Pellegrini –las dos por 0-1-, el equipo aragonés necesitaba asentarse en casa, darle importancia a La Romareda. Lo hizo con solvencia y devolvió la magia a un estadio necesitado de embrujo.

4. Distancias con el descenso. Con lo que resta de Liga, las diferencias son aún muy cortas, pero el Real Zaragoza empieza a separarse de los últimos lugares de la clasificación. Abandonar cuanto antes esa pelea es fundamental para el equipo de Manolo Jiménez, que ya sabe cuál es el sino de la temporada, pero que debe ubicar los límites de su pelea lejos de las puertas del infierno.

Afronta ahora el Real Zaragoza sus inmediatos compromisos –con el Valencia en Mestalla y ante el Getafe de nuevo en casa- con otro aire, con la ambición de encadenarse a posiciones más tranquilas de las que ha vivido a lo largo de los últimos años.

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