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Ganar o el alivio del fármaco

El Real Zaragoza acaricia la victoria
R. Zaragoza 3Osasuna 1
J.M. MARCO

Apremiaba dejar atrás las dudas y sujetarse a las convicciones. Y el triunfo cosechado en La Romareda ofrece un arco de luz al cuadro de Manolo Jiménez. No es que la victoria resultara apremiante –que de eso ya hemos conocido demasiado-, pero sí que el equipo empezaba a deslizarse por la senda de la necesidad. Y ganar garantizaba una medicina reconstituyente.

El Real Zaragoza esboza sus virtudes –que las tiene-, pero sobre todo exhibe sus puntos débiles, esos que Manolo Jiménez se esfuerza sin éxito por esconder. Ante Osasuna brindó los regalos de los que con generosidad hace gala en cada partido. Uno de ellos lo aprovechó Armenteros para marcar, tras un pasillo abierto en la zaga blanquilla; por suerte para el Real Zaragoza, el equipo navarro lleva por mérito propio el farolillo rojo y desperdició otras claras alternativas. Generadas varias en el juego aéreo, porque el cuadro blanquillo echa a temblar sin remedio –y con él, toda La Romareda- cada vez que el balón merodea por alto su área.

Puede, a cambio, agarrarse a algunas certezas. Una de ellas es, sin duda, el portugués Hélder Postiga, que desabrochó la defensa rojilla nada más comenzar el partido. Y ofrecen recursos muy coherentes futbolistas como José Mari y Víctor Rodríguez, clave en el triunfo de los de Manolo Jiménez. Es curioso que surjan ambos de la frescura del equipo filial.

Las emociones se encadenaron este sábado en el estadio municipal desde antes del inicio, con ese bello homenaje a los deportistas paralímpicos; y de allí, los goles de ida, vuelta e ida de nuevo; la rivalidad –llevada ya mucho más allá de lo absurdo-; el regreso de Movilla –que jugó media hora- y, sobre todo, el dulce sabor de una victoria que envuelve por fin La Romareda. Ganar, el alivio del fármaco.

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